Por: Juan Pablo Ruiz Soto

TLC, empresa y colombianidad

El pasado 2 de marzo tuve la oportunidad de compartir, con un grupo de colombianos residentes en la Florida (Estados Unidos), un seminario sobre liderazgo y desarrollo empresarial.

Para mí fue muy grato conocer una faceta de la colombianidad que tiene un gran potencial en la construcción de nuestro país y el bienestar de sus nacionales, en medio de la globalidad.

Como diría uno de los organizadores de la reunión, al caracterizar a los migrantes por nacionalidad, sueño y actividades tenemos que los haitianos sueñan ser empleados estables de trabajos básicos, como aseo o manejo de bodega de una empresa grande o de una entidad gubernamental; su referente es llegar a ser cajeros en un almacén de una gran cadena, ojalá de Walmart. El sueño de los mejicanos es ser buenos jardineros. Ya son especialistas en arreglo artificial del paisaje para centros comerciales, clubes sociales y jardines de las casas campestres. También se vinculan a empresas de reparación de inmuebles, de migrantes cubanos o mejicanos. Los venezolanos que migraron fueron los ricos que ya tenían casa en Weston, un suburbio costoso de Miami donde antes pasaban sus vacaciones. Con Chávez, se han mudado de manera más permanente. Los colombianos son un caso distinto. La migración obedece a una mezcla de violencia, inseguridad, pobreza y búsqueda de oportunidades. En su mayoría son migrantes de ingresos medios y bajos en Colombia cuyo sueño es hacer una pequeña empresa y ser independientes. Empiezan con una panadería, luego incluyen la venta de tarjetas telefónicas y finalmente se convierte en tienda de abarrotes. Otro tipo de microempresa es la de transporte —trasteos—. Entre los migrantes de la segunda generación y primeros migrantes con formación universitaria encontramos empresarios, no sólo en comercio local y servicios básicos, sino en procesos productivos y de transformación en pequeña y mediana empresa.

Los colombianos mantienen en general una estrecha relación con su país y la esperanza de regresar algún día en buenas condiciones económicas y sociales. De manera regular, al igual que otros grupos de migrantes, transfieren recursos a sus parientes y adicionalmente invierten en finca raíz en Colombia. En el marco de los tratados de libre comercio (TLC), y dado que se estima que hay alrededor de 6 millones de colombianos en el exterior, por la ubicación económica que han alcanzado algunos de ellos en países como Estados Unidos, Canadá o España cobra especial importancia que, en la búsqueda de repatriar excedentes, se generen programas especiales para facilitar con propuestas institucionales, desde el gobierno colombiano, el apoyo a los que han migrado y son emprendedores. Deben considerarse como un grupo de avanzada que ha hecho la inversión más costosa: desplazarse, aprender el idioma y la cultura local. Ahora manejan los dos ambientes comerciales y pueden ser los facilitadores de procesos de encadenamiento productivo y agilización del comercio, que al establecerse y desarrollarse terminarán girando excedentes a Colombia.

Así como las grandes multinacionales extranjeras se establecen en nuestro territorio y repatrían las utilidades a sus países de origen, los colombianos establecidos en el exterior pueden ser un capital humano, comercial y financiero para agilizar los procesos de interacción con Colombia y transferir excedentes al país.

 

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