Por: Manuel Drezner

Toc Toc para reír

El Teatro Nacional estrenó una comedia que tuvo mucho éxito en Francia, ya que duró en cartelera por cuatro años en el Teatro del Palacio Real de París e igualmente se ha presentado con éxito similar en otros lugares del mundo.

La obra se llama Toc Toc y es de Laurent Baffie, un escritor con amplia experiencia en cine y televisión en su país nativo y que ha logrado el milagro de convertir, en esta obra, una burla a quienes tienen alguna manía en una pieza de casi dos horas que no se puede catalogar ni como comedia ni como farsa, puesto que es algo diferente. En Toc Toc (que quiere decir, según el programa, ‘trastorno obsesivo compulsivo’, enfermedad que la ciencia médica aún no conoce) hay un grupo de personas, que tienen una manía cada una y que están en un consultorio médico para ver si se curan. El médico, dentro de la mejor tradición de Godot, nunca llega y las personas gastan el tiempo de espera tratando de ver cómo curan al otro. Una de ellas de pronto lanza sin previo aviso uno de los que llaman eufemísticamente ajos mayores. Otra es una fanática religiosa que se persigna continuamente. La tercera tiene la manía de la limpieza y tiene que lavarse las manos a cada rato. Hay finalmente un obsesionado con las matemáticas, si así se puede decir, y uno que es incapaz de pisar una línea recta que haya en el piso. La comedia entonces consiste en que cada cual hace lo suyo una vez y otra vez y varias veces más y desde luego esa tendencia crea un humor algo absurdo, de aquel humor que se basa en la inexistencia de la lógica. Como se puede ver, la obra es bastante tenue en cuanto a argumento, pero sin duda quien busca pasar un rato de risa, en Toc Toc no se aburrirá, así a la salida le cueste trabajo recordar exactamente qué sucedió sobre la escena.

Se quiere decir con lo anterior que es una buena obra comercial, sin mayores pretensiones, y que cumple con su cometido de hacer reír. Los actores, encabezados por el veterano y excelente Carlos Muñoz, a quien deberían declarar gloria del teatro colombiano, son expertos, hacen lo suyo en forma ágil y tienen la virtud de que toman en serio las locuras que hacen, primera condición para que una comedia de este tipo funcione. Con seguridad la obra tendrá éxito y lo único que uno puede pensar es si las promesas que el Teatro Nacional hizo hace treinta años, cuando se fundó, de fomentar no sólo el teatro comercial sino también el de arte, en una sabia mezcla, no se han cumplido en su integridad.

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