Por: Héctor Abad Faciolince

Toda Cuba en Medellín

LA GODARRIA ANTIOQUEÑA, PRENdiendo a todo volumen los altavoces de la prensa conservadora, ataca a los gritos que en la Fiesta del Libro de Medellín el país invitado sea Cuba.

No un pedazo de Cuba, no la Cuba oficial, sino toda Cuba, la de adentro y la de afuera, la que comulga con el régimen de Castro, pero también la de la disidencia interna y la del exilio. Según la godarria, Alonso Salazar y su administración son mamertos y propagandistas de Castro.

Pero resulta que la Fiesta que ellos están planteando, con Toda Cuba como invitada, es una Fiesta del libro absolutamente abierta y liberal: la Cuba del futuro, la del posible diálogo poscastrista del socialismo heredero de la revolución y la del anticastrismo interno o exiliado. Y Medellín es el mejor escenario para ese diálogo y esa polémica. ¿Por qué? Porque es aquí donde hemos vivido la peor guerra, la peor polarización y los más graves antagonismos. Sabemos lo que es poner a conciliar aquello que parece irreconciliable. Al menos es eso lo que aquí se ha intentado en los últimos años: que la ciudad no sea el símbolo de la exclusión, sino de la inclusión, donde reinsertados guerrilleros y paramilitares puedan trabajar juntos por una ciudad mejor.

Naturalmente un propósito así y una Fiesta así planteada es la más difícil y la que más incomprensiones despierta. Los dos extremos del espectro político son idénticos y se dan la mano. Por un lado la godarria quisiera que sólo pudiera hablar la Cuba anticastrista, ojalá con sus voceros más recalcitrantes y fanáticos; por otro lado la Cuba oficial puede temer el diálogo abierto y pacífico, en vez de la monotonía de la voz única, de la voz oficial con el discurso que repite las consignas trilladas. Con el ruido armado por la godarria criolla, ahora es posible que el Ministerio Cubano de Cultura no deje venir a los representantes oficiales. Ni se diga a los otros. Y esto sería lo peor para la Fiesta del Libro, pues para poder volar en ella hay que tener dos alas: ni sin la izquierda ni sin la derecha se puede volar.

Los fanáticos están logrando lo que siempre consiguen: que no haya nada, salvo la gritería. Que haya solamente una visión unilateral de las cosas. La godarria no soporta que se les diga que en Cuba se sigue haciendo el mejor ron, la mejor música caribeña y los mejores cigarros del mundo: todo lo que viene de los comunistas tiene que ser sucio y malo. Y el ala fanática del régimen tampoco soporta que se le diga en la cara que las limitaciones a la libertad de prensa, de expresión y de movimiento de sus ciudadanos son una cosa absolutamente intolerable en el mundo de hoy.

Medellín podría ser el escenario de la más importante reunión cubana de la historia reciente. Podría ser el lugar de encuentro de toda una cultura valiosísima: la del Caribe, la del bolero, la de la caña, la del son, la de la alfabetización, la del sueño truncado de una sociedad más justa a la que no puede llegarse por el atajo de suprimir lo que el castrismo llama “libertades burguesas”. Una de esas libertades burguesas, tan denigradas, la libertad de hablar, es la que se trata de auspiciar en Medellín. Pero no cerrando las puertas con sectarismo a ninguna tendencia: abriéndoselas a todos.

Cuba no suena con una cuerda única. Cuba es todas las Cubas. Hay elementos rescatables de la Revolución que está cumpliendo medio siglo. No pueden desconocerse sus progresos en deporte y en educación. Pero tampoco pueden negarse las intolerables limitaciones a la libertad individual. Es de esto de lo que quería hablarse en la Fiesta del Libro de Medellín y es esto lo que los fanáticos de uno y otro lado están impidiendo.

Estamos a tiempo de que Toda Cuba se pueda encontrar aquí. Basta una sola virtud: la capacidad de tolerar lo distinto y de abrirse a un diálogo duro, a una polémica fuerte, pero civilizada y sin violencia. Ese es el escenario que Medellín quiere ofrecerle a toda Cuba. Ojalá la godarria antioqueña y la simétrica intransigencia isleña no arruinen este intento de construir un futuro justo, pacífico y libertario.

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