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hace 5 horas
Por: Iván Mejía Álvarez

A toda hora

El Mundial Sub-20 dejó muchas cosas buenas para el país. Unos bellos escenarios y, en general, un intento de educar al aficionado para que pueda disfrutar del espectáculo en las mejores condiciones.

El fútbol, igual que el cine, el teatro y cualquier manifestación lúdica, merece una organización coherente, seria, bien armada, que le permita al consumidor final disfrutar a placer sin las molestas interrupciones que generan los factores externos.

El Mundial trajo la cultura de respeto a los puestos y esto conlleva que las escaleras y los vomitorios se mantengan libres y cumplan su función. Los accesos a los estadios son más rápidos y la policía encontró mejores mecanismos para garantizar la seguridad en el ingreso a los escenarios deportivos, por lo menos en las ciudades donde se cumplió el Mundial.

Por supuesto, una vez pasado el torneo y entrando al calendario local, el promedio de asistencia a los estadios es pobre. Empachados de fútbol, Copa América y Mundial, los hinchas apenas se están sacando la modorra y poniéndole atención al campeonato local. Sesenta mil personas acudieron a los estadios donde se disputó la última fecha y tan sólo a un partido, el de Medellín, donde jugaban el campeón, Nacional, y Santa Fe, llegaron más de 20 mil personas.

El rentado ha entrado en una fase histórica complicada. Los equipos no viven de las taquillas y el ingreso de aficionados es apenas un porcentaje del presupuesto total que manejan los administradores. Son más importantes los ingresos económicos por cuenta de la televisión y los patrocinios, que las mismas recaudaciones.

Miren ustedes la última fecha del torneo: empezó el viernes por la noche, siguió el sábado a la tarde, continuó por la noche del sábado, se jugó el domingo en la mañana y después por la tarde y, finalmente, por la noche. Un mondongo terrible, se perdió la costumbre del fútbol el domingo por la tarde. En Colombia, como en Perú, Argentina y Brasil, se juega a toda hora, dejando una imagen de desorden impresionante. Desde hoy arranca la siguiente fecha y terminará el jueves, quedando además un partido aplazado. Eso no es serio.

En algunas ciudades hay horarios absurdos. Fútbol el viernes por la noche en la rumbera Cali es un atentado a la economía de los equipos. Fútbol el sábado en Bogotá es una invitación a no asistir al estadio, la congestión vehicular es terrible. En cambio, el fútbol en Bogotá los domingos parece una sana costumbre de años y años.

Se ha mejorado en algunos aspectos pero todavía quedan muchos temas por arreglar. Son asuntos de elemental lógica.

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