Por: Camilo Sánchez Ortega

¿Todo vale?

Lamentable es ver que la lucha indígena y étnica de siglos por el reconocimiento de la identidad cultural, los derechos colectivos y el desarrollo integral de las minorías, se vea amenazada por sus mismos directivos al permitir que dichas circunscripciones electorales se conviertan en microempresas de avales politiqueros, donde priman los aportes económicos y clientelistas que entregan los candidatos para obtener estos respaldos.

La población indígena asciende a 785.356 habitantes, los cuales son miembros de 84 pueblos, cifra que representa el 2% de la población colombiana. Como observamos la circunscripción indígena es un privilegio orientado a un nicho puntual, que al abusarse en su carácter de nacional  permite que estas curules sean ocupadas por representantes sin identidad con las minorías, lo cual terminará sepultando este espacio históricamente ganado.


¿Qué pensarán los Constituyentes indígenas Lorenzo Muelas y Francisco Rojas Birry, que levantaron su voz  en la Asamblea Nacional Constituyente, para que se reconociera una realidad hasta el momento indiferente? Hoy el espíritu del Constituyente está tergiversando totalmente.


La gran diferencia actual entre el Movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia – AICO y la Alianza Social Indígena hoy Independiente – ASI, radica en que los primeros avalan únicamente a los miembros de las comunidades indígenas, mientras que el ASI, motivado por intereses personalistas se aleja de los principios de identidad étnica limitando los derechos a sus colectividades. ¿Cuál será la afinidad racial y cultural que tienen Antanas Mockus o Sergio Fajardo para cambiar el término Indígena por el de Independiente en la Alianza Social con el fin de cumplir sus objetivos? Lo cierto es que este tipo de coaliciones confunden a los electores que quieren votar por indígenas o negritudes.


Una oportunista representación de nombre que postule personajes con pergaminos sin identidad racial ni cultural, logra que sea la chequera más fuerte la que se haga elegir acabando con el espectro real para los indígenas y las negritudes, como en el caso del candidato Moreno de Caro, que con lo único Moreno que contaba era con el apellido.


El Congreso deberá impedir que sigan siendo suplantadas las representaciones de las minorías, pues la democracia no puede seguir siendo un remedo representativo en cuerpo ajeno.  El académico Mockus, que es portavoz de la cultura ciudadana, está quedando mal ante la opinión pública al no ser coherente con los principios de transparencia que promulga y al inscribirse en un partido sólo por oportunismo politiquero. Tras acertar con la crítica del “todo vale” del doctor Uribe, hoy se convierte en estandarte de esa máxima que criticó al utilizar el ASI. Ya se hizo pasar por verde, ahora por indígena y como resultado de esto su futuro puede ser negro.  No dudo que su última jugada sea unirse a cualquier otro candidato, ratificando ASÍ su interés personalista. Ojalá no vaya a entregar sus prestadas banderas, como se especula en los corrillos, para abrirle espacio burocrático en Bogotá a su esposa.


Tendremos que legislar para que ningún partido pueda ser la caneca de reciclaje, donde llegan los candidatos que otras colectividades les niegan el aval, sin importar el cómo ni el por qué.  Respetemos las minorías, los idearios y la política para que no caigamos nuevamente en el todo vale.


Senador de la República


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