Por: María Elvira Bonilla

Todos en la cama, todos en el suelo

La mala noticia que le dio el comisionado de paz al grupo de empresarios con los que se reunió en la Cámara de Comercio, invitados por Mónica de Greiff, es un campanazo para la sociedad colombiana.

Sergio Jaramillo les informó que la Fiscalía cuenta con 13.000 folios de los procesos de Justicia y Paz, en los que aparecen involucrados cientos de empresarios que apoyaron a los paramilitares en sus acciones violentas.

Aunque está más que documentado que Carlos Castaño, Mancuso, HH, Jorge 40 y compañía actuaron con complicidad de miembros de las Fuerzas Militares —incluso a nivel de coronel que han confesado y pagan cárcel—, la colaboración de ganaderos, comerciantes y empresarios fue definitiva para el avance paramilitar, aún faltan nombres y apellidos, y los hechos concretos que los vinculan penalmente.

La connivencia de la sociedad con estos grupos ilegales para enfrentar a la guerrilla fue tal, que en su momento se generalizó la perversa idea de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo o que el fin justifica los medios, y se apoyaron éstos no sólo con financiación, sino por distintas vías. En muchos departamentos fueron finqueros, empresarios, comerciantes e inclusos gobernadores y alcaldes —el último, el alcalde Bojayá detenido por haber traído al Alemán al alto Atrato— los que buscaron a los jefes paramilitares para que se desplazaran a sus regiones y, por lo tanto, formaron parte activa de la empresa criminal.

La información del alto comisionado a los empresarios puede entenderse como un llamado para empezar a entender el tema de la justicia de otra manera. Es el meollo de la negociación en La Habana y ahí está la clave para destrabar los diálogos de paz. Las Farc han insistido hasta la saciedad que no están dispuestas a asumir solos el costo de la guerra. Muchos de los que vociferan el “no a la impunidad” acompañado del sueño irreal y obtuso de querer ver a una guerrilla —que no ha sido derrotada— en la cárcel tras la firma de un acuerdo paz, tienen deudas con la justicia y muy seguramente sus nombres están dentro de los 13.000 folios que mencionó Jaramillo.

Este razonamiento está en la base de la insistencia de los negociadores de las Farc en La Habana de no ser señalados como los responsables únicos del cruento conflicto colombiano, que sintetizan en un decir popular: “O todos en la cama o todos en el suelo”. De allí la importancia de que las Farc les dan a los informes de memoria histórica y su última petición en la carta abierta que enviaron desde La Habana para hacer públicos los archivos de la nación que permitan develar distintos episodios de horror y muerte que para muchos empiezan con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

Se ventila la idea de una comisión de la verdad autónoma con capacidad de evaluar la responsabilidad de los distintos actores de manera imparcial para avanzar hacia una verdadera reconciliación. El “recorderis” del alto comisionado a los empresarios pudo haber agriado la reunión, pero dio luces para advertir lo que nos espera si queremos ver firmada la paz.

 

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