Por: Luis Carlos Vélez

#TodosSomosTumaco

Tumaco es una radiografía de lo que pasa en el país y que nadie quiere ver. Metidos por años en la discusión sobre las Farc y el proceso de paz, hemos olvidado que el narcotráfico es nuestro mayor flagelo y que sus tentáculos violentos y corruptos han seguido haciendo de las suyas bajo el muchas veces silencio cómplice de las autoridades.

La semana pasada, los medios registramos con asombro el asesinato de Jair Cortés, el líder comunitario número 81 abatido en esta guerra sin cuartel que lentamente sale a la luz. Antes de su muerte, este hombre de 41 años casi premonitoriamente había advertido en una entrevista sobre los serios problemas de la erradicación forzosa en su región si no había presencia contundente del Estado.

En Tumaco reinan la desidia, la corrupción y el terror. Durante décadas, la poca presencia del Estado ha hecho que los dineros que muchas veces se giraron desde el Gobierno central para solucionar problemas coyunturales quedaran en manos de los políticos locales que no han sido impermeables a la seducción de los dineros calientes y la corrupción.

Tal vez porque la guerra contra las Farc ha menguado y ahora nos permite ver otros problemas de fondo en nuestra nación, es que podemos volver los ojos a esta zona de Nariño y recordar un mal que no estaba de moda pero que ahora recobra interés y es el del narcotráfico constante y sonante que se pavonea en el sur del país.

Es de extrema importancia que el Estado no deje ir esta oportunidad histórica que tiene en las manos en Tumaco para retomar las riendas en el tema de la lucha contra las drogas. Al retirar por medio de un acuerdo político a las Farc del panorama, es momento de centrar toda la energía de la Fuerza Pública para la retoma y el control de todas las zonas abandonadas en el país que antes eran impenetrables debido a la insurgencia, de lo contrario, llegarán otros elementos violentos y mafiosos, tal y como lo estamos viendo en Tumaco, para implementar su endemoniada ley.

Dicen que al perro no lo capan dos veces, pero sería imperdonable que el Estado pierda nuevamente el control de parte del territorio nacional a manos de la mafia, que finalmente fue la que en su última etapa terminó metiéndoles gasolina a las Farc.

El panorama en Tumaco está claro: bandas criminales, residuos narcos de las Farc, carteles de droga colombianos y mexicanos y corrupción estatal. Por eso todo el país debe estar atento a la retoma y control de Tumaco, Nariño y el Cauca. Guardando las proporciones, esos dos departamentos son nuestros Alepos, lo que pasa es que no hay CNN que los cubra, ni ONG internacionales que hagan bulla, pero para los colombianos esta es una batalla que tenemos que dar y que por lo menos ahora tiene a alguien duro, formado e inteligente como el general Naranjo para dar la primera batalla, así esto signifique abrir otro libro que muchos ha refundido por otros intereses, menos los reales, y es el de la aspersión aérea.

#TodosSomosTumaco

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