Por: Tola y Maruja

Tola y Maruja

EXPERTAS TÍAS,

Soy una madre de familia en una encrucijada muy maluca: mi hija Melani Graciela, la niña de mis ojos, el sol de mi vida, la adoración del papá, nos pidió de regalo de quince una cirugía plástica para colocarse “marías” postizas. Le dijimos que precisamente hay un proyecto de ley en el Congreso para prohibir esta clase de cirugías en menores, pero ella está ranchada en que quiere lolas de silicona sí o sí. ¿Qué hacemos con esta petacona? ¿Le damos gusto con el busto? ¿Cómo la convencemos de que sin “teclas” sí hay paraíso?

Atentamente,

Gilma. 

Querida chantajiada,

Por su letra vemos que usté también es plana por delante y plancha por detrás, como su retoña. Y nos suponemos que también chupó matoneo en el colegio y que le gritaban al verla: ¡Hagamos limonada, Gilma pone sus dos limones!

La comprendemos enteramente porque Tola y yo también sufrimos bullin en la escuela: Tola, gracias a su nariz tan desproporcionada, y yo por miope, pues desde chiquita me ponían gafas culoebotella y por eso mis compañeritos me decían cuatrojos y gafufa.

Aprovechando el invento del POS Tola entuteló pa que le operaran esa narizota, pero allá le alegaron que era preesistencia. Entonces cotizó el arreglo con un cirujano particular y el facultativo fue claro: Vea misiá, yo con mucho gusto se la recorto pero no me comprometo a botar los escombros.

Después Tola salió con la ventolera de que la peese le hiciera un trasplante de virginidá, quizque porque el sueño era morir señorita, pero le dieron turno en una filota larguísima, detrás de Dania Londoño.

O sea: es normal que las mujeres queramos mejorar en apariencia, pero su quinceañera está demasiao biche pa eso. Dígale a esa tatabrona que coja oficio, que no se implante lo que no se le perdió, que deje de empalagar.

Cuéntele a su vástaga que puede quedar pior, como le pasó a mi nieta Karen Romelia, que se hizo poner maruchas sin necesidá y un pezón le quedó mirando de lado, todo bizcorneto. El novio se condena de la ira pensando que atisba a otro.

Y vea el caso de nuestra amiga Fulvia, que se operó las bolsas de los ojos quizque porque se veía como Santos recién levantao, y le dejaron su par de chambas como zurcidas con cáñamo. Ella le hizo el reclamo: Uy dotor, yo vine a que me operara las bolsas, no a que me les pusiera cremallera.

Nosotras estamos francamente asustadas con las pelaítas de ahora, todas urgidas de tener “repisa”, como en el famoso cuento:

—Mami, ¿cuándo me salen las puchecas?

—En año y medio o dos, tesoro.

—Ahhhhh, yo las necesito pa esta noche.

Apreciada Gilma, usté debe dialogar con su muchachita y decirle que se quiera así tal como es. Muéstrele la cantidá de mujeres que han sobresalido a pesar de ser lisas por delante: Martina Navratilova, Chavela Vargas, la madre Laura...

Recuérdele aquella sentencia: Lo que sube como palma cae como coco. Y si la berrionda muchacha insiste, pues dele gusto, qué carajos, pero se las pone baratas, de parafina, que quedan divinas y alumbran, aunque los pabilos estorban alguito.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: Y recálquele a Melaniecita que la vanidá no la lleva a ningún Pereira, que en la persona lo que importa es lo de adentro, como en la lechona.

 

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