Por: Tola y Maruja

Tola y Maruja contestan

Reputadas asesoras espirituales,

Ante todo las felicito porque mañana cumplen “25 años pasadas de moda”. Me encantaría celebrar con ustedes pero no me dejan salir del búnker de la Fiscalía. Mi dilema es este: me enamoré de mi jefe, un hombre embrujador por el que cualquier mujer haría lo que fuera: un papacito, un guerrero, un patriota... Cierta vez hizo un comentario como quien no quiere la cosa y la cosa queriendo... Dijo: Ah bueno saber qué piensa de mí la oposición sin tener que invitarlos a tinto. Tus deseos son órdenes, pensé para mis adentros, y pegué carrera a espiar a sus críticos. ¿Qué hago? ¿Lo aviento? ¿Me chupo sola la cárcel y espero su visita los domingos?
Atentamente,
María del Chuzar Untada.


Querida Coneja,
Por su letra vemos que no tiene ni mesa en qué apoyar. No nos cuenta si su amor era correspondido o el tipo solamente la usó como conejilla, aprovechando su traga y su bobada.

La notamos más hundida que timbre de licorera, y vemos la cosa peliaguda porque al parecer él nunca le dijo: Ve conejita, chuzame a fulano y a perenceja. Fue usté de regalada la que tomó una insinuación como mandado.

Pero donde uno menos piensa salta la liebre y vemos que usté tiene una tabla de salvación: ránchese en que sumercé chuzó por el mero placer femenino de oír conversaciones ajenas, sin otro motivo que la curiosidá.

No queremos aprovechar su dolor y ofrecerle los servicios del pul de abogadas que hemos conformado con la Negra Candela, Gardeazábal y nosotras (somos competencia de Granados, Lombana y De la Espriella).

Ya tenemos diseñada su defensa y le diremos al juez: Su señoría, soperiar diálogos ajenos hace parte del libre desarrollo de la personalidá de la mujer y puede considerarse un derecho humano... Demasiao humano, pero fundamental.

Un argumento de la defensa es que usté fue la primera mujer en el puesto de diretora del servicio secreto. ¡Secreto!, a quién se le ocurre que las mujeres podemos guardar un secreto, su señoría.

Y cuando el juez nos contradiga que usté pudo escuchar y quedarse callada, le diremos que pedirle a una mujer que calle un chisme es someterla a una tortura en persona protegida.

El berriondo juez seguramente nos dirá: Pero doñas, él nunca le dijo a ella que chuzara. Y nosotras tenemos lista la respuesta: Pero la invitaba a tomar el algo y le susurraba: Conejita, ¿qué más de cosas?

Piense su señoría que una mujer perdidamente enamorada, como nuestra clienta, se atortola frente al sol de su vida y cuenta cosas que a él ni le interesan ni les pone atención.

Cuando nuestra defendida le decía: Gordo, figurate que hoy los magistraos dijeron que tu primo va que se las boga pa la guandoca, era como si le hubiera dicho: Hoy almorcé habas con principio de garbanzos, ¿y tú?

Una mujer enamorada no está en los cabales, su señoría: mire a María Fernanda Cabal, a Paloma Valencia, a la loca de las naranjas... En resumidas cuentas: nuestra clienta es inimputable.
—Tola, sin groserías.

María del Chuzar es una buena muchacha que se puede resocializar en un trabajo digno, diga usté en un colcenter, donde estaría en su salsa...

Ya pa terminar, señor juez, tenga en cuenta que la acusada no tiene garantías en la Fiscalía, o sea: no tiene amigos.

Como ves, querida coneja, tu caso en nuestras manos está pilao, no tiene pierde.
Tus tías que te quieren.
Tola y Maruja

Posdata: Te adjuntamos la cuenta de cobro de esta primera asesoría. ¿O se la mandamos a él? 

 

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