Por: Tola y Maruja
No nos consta

Tola y Maruja cuentan qué van a cenar este 31

Añoradas añoviejas,

Soy un ciudadano feliz de que se acabe este año pútrido para Colombia, cuando se destapó, gracias a los gringos, la miseria ética de algunos magistrados. En Reficar y Odebrecht perdimos plata, y plata se consigue todos los días, pero con la justicia vendida perdimos la esperanza. Bueno, no hablemos de amarguras y mejor cuenten qué van a cenar esta noche.

Atentamente,

Colombiano con el carriel caído.

***

Querido quejumbroso,

Por su letra de tinta corrida vemos que se le escapó un lagrimón. Tiene razón, este año se alborotaron los ladrones del erario, y si Colombia tuviera el calendario chino sería el año de la rata.

Pero aunque todos acabamos el año muy aburridos y no creemos en nadie, nos toca buscar en quién confiar porque sin confianza la vida es un peladero. No hay nada pior que desconfiar.

Hoy vamos a cenar puro vegetariano (costillas de ahuyama y chicharrón de berenjena) porque nosotras no volvimos a matar animalitos desde que a Tola le pasó lo del pisco. Pero dejemos que lo cuente Tola, que ella tiene más gracia.

Gracias, Maruja. El cacharro que me pasó es que el año pasao mi marido trajo un pisco pa la cena del 31, y por la mañana le dije: Ananías, en la gaveta del chifonier hay media de aguardiente, dale un trago al pisco pa enzonzalo y que no sufra en la desgañotada.

¡A quien le dije! La belleza de Ananías le dio el guaro al pisco y se zampó uno doble. Yo me desentendí en los destinos de la casa y cuando menos pensé Ananías y el pisco se habían bogao el frasco completo. No les dio un brinco.

En fin, yo estaba cabezona preparando todo pa la cena y alistando los calzones amarillos, y cuando volví a la cocina Ananías y el pisco por ninguna parte: habían salido al estanquillo por más guarilaque.

Puse a calentar el agua pa pelar el pisco y me entretuve picando los aliños cuando sentí una bulla en la sala: Ananías y el pisco ya muy prendolos y abrazaos y poniendo en la radiola ese disco “cómo se mueve la pava...”.

Le pegué su vaciada al Ananías y le ordené que despescuezara el pisco. Pero el conchudo, ya colorao como el pisco, me bravió y me dijo que no iba a matar a su “parcero”, pa que después yo saliera a decir que había sido por un lío de faldas.

Fueron por más trago y Ananías era cante y cante: Ay, yo no olvido el año viejo porque me ha dejao cosas muy buenas: me dejó la paz, aunque vuelta trizas, me dejó a Falcao y a James en Rusia...

Esa noche improvisé de cena arroz con sardina y me acosté furiosa, oyéndolos pachanguiar solos. Al otro día, aprovechando que Ananías estaba penquiao, busqué el maldingo pisco pa hacelo en sancocho, pero lo encontré trasbocando en el baño.

Me dio pesar matar ese animalito todo enguayabao, que pecao... Entonces le preparé una totumada de guandolo frío y una changua y lo recosté en mi cama y cerré las cortinas.

Ahora el pisco celebra con nosotros la Navidá en familia, con la alegría del que sabe que hay vida más allá de diciembre. Este 24 el Niño Dios le trajo una pomada pa las verrugas y el 6 de enero lo vamos a llevar a conocer el mar.

Todos los vecinos tienen que ver con el bendito pisco y hoy lo invitaron a una marranada.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: Este año la corrución pública nos dejó de cama. Pero echemos pa’lante y votemos por los mejorcitos. ¡Feliz 2018!

Payola: El periodista Iván Mejía no tiene amigos ni en Féisbul: del libro “Tola y Maruja sin agüeros”, ideal pa vacaciones.

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