Por: Tola y Maruja
Contestan

Tola y Maruja desclasifican las memorias de Hitler

Añoradas entrometidas,

Soy un neonazi muy orgulloso de saber que Hitler estuvo en Colombia y que dejó legado: la moda del bigotito de los campesinos boyacos, el gusto por la cerveza y el embutido de Sutamarchán (vocablo alemán que significa: suta, tierra, y marchán, longaniza). ¿Qué saben ustedes de esta primicia? ¿Es cierto que Adolf fue “tinieblo” de Tola?

Atentamente,

Führer Albeiro Carranga

 

Querido chibcha,

Por su letra parece que escribe en teutón. Sí señor, es cierto que Tola tuvo su enredo con Hitler pero el idilio duró muy poquito porque Adolfo empezó a desconfiar de Tola por su nariz judía.

Antesitos de ise pal Paraguay, Hitler le entregó las memorias a Tola y le suplicó que jamás las mostrara, pero ya que andan desclasificando archivos, aquí están, en esclusiva:

“Ante la inminente caída de Berlín en manos de los Aliados, mi mujer y yo habíamos dispuesto como solución final tomarnos pastillas de cianuro. Al momento de ingerirlas, la abracé y le dije: Primero las damas.

Eva tragó su pastilla, chapalió y murió al instante. Al ver ese cuadro tan espantoso, recapacité, empaqué una muda y rompí el cerco enemigo disfrazado de judío ortodoxo.

Llegué a París vestido de bailarina de can-can y un vagabundo colombiano me recomendó huir a su país, donde dizque era “muy buena la impunidad”. Llegué a Colombia y el presidente Rojas Pinilla me dio posada en su propio Palacio.

Duré muy poquito en la casa del general Pinilla porque se me embolató la billetera, que doy por seguro me birlaron sus nietos Samuel e Iván, rapaces de promisorio futuro.

Mis inclinaciones artísticas me llevaron al mundillo de la farándula y conocí una famosa diva llamada Amparo Grisales, pero la diferencia de edades impidió nuestro romance: ella me superaba en casi tres décadas.

Hastiado de la sobradez de la oligarquía rola, que se creen arios, me dirigí a una apacible población de nombre Tunja, que casi abandono esa misma noche porque, inocente, me paré preciso en la esquina de la pulmonía.

Al otro día compré ruana, sombrero de fieltro y alpargatas, me cambié el nombre por Nazi Anceno Chulavita y probé la mazamorra chiquita, una sopa compuesta por unos tubérculos impronunciables: chuguas, cubios, hibias...que me recordó la comida de Auschwitz.

Para socializar con los locales aprendí un juego llamado turmequé o tejo y que consiste en lanzar por el aire un disco de hierro que hace estallar una mecha. Mientras afinaba la puntería descalabré a varios parroquianos. Creo que es su método de exterminio.

Acostumbrado a las guerras y las invasiones, la placidez monacal de Tunja me aburrió y me dirigí a Medellín, donde probé otra clase de mazamorra, hecha solamente de maíz y mezclada con leche y acompañada de dulce macho, y que es la sobremesa de los frisoles con coles.

Regresé a Bogotá por invitación de un correligionario que tenía un programa radial titulado “La hora de la verdad”, pero su extremismo me asustó y me fui a Bucaramanga, donde me cambié el nombre por Alejandro Ordóñeze y tuve un hijo tocayo, que llegaría a ser candidato por firmas.

Volví a Tunja y, para entretenerme, fundé el partido Centro Teocrático, e impuse una disciplina de mano firme coscorrón grande y logré una obediencia tal que mis seguidores votaban “por el que ponga Hitler”.

Para evitar dineros “calientes” en mi campaña hice un préstamo gota-gota que no pude pagar y ahora estoy “marcando calavera” y tengo que escapar. Pienso establecerme en Paraguay y llamarme Alfredo Stroessner”.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: ¿Por qué los guerrilleros quieren ir al Congreso sin pasar antes por la guandoca? Porque quieren seguir el conduto regular de todos los políticos: primero el Capitolio y después La Picota.

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