Por: Tola y Maruja
No nos consta

Tola y Maruja se van de compras a San Victorino con la mamá del presidente Duque

Hoy el desayuno fue un velorio, nadie decía ni mu, ni Tola ni yo, pues nos habíamos comprometido con doña Juliana Márquez, la mamá del presidente Duque, a no mentar la palabra “encuesta”.

Ay tías, ya ni los frisoles me llaman la atención —dijo Ivancito tratando de probar una cucharada de calentao—. El 70 % del país desaprueba mi gestión. ¿Cuál gestión? —dije yo por fregar.

Lo que pasa Ivancho es que sumercé es demasiao cabeciduro: como es que deja al ministro Holmes, catalogao como un desastre por la inocente mirada de Pachito. Arrecuérdese, mijo: los borrachos, los niños y los uribes siempre dicen la verdá.

¿Y a quién ponía, tía? Yo no conozco a nadie. Yo me fui de Colombia hace... ¡uff! Fue mi apá Uribe el que práticamente me arrancó de Guásinton y me trajo como volador sin palo a un puesto que no se lo deseo ni a Petro.

En esas dentró Luiyi Echeverry con doña Juliana Márquez, la primera mamá, y nos dijo: Tías, me hacen el favor de acompañar a doña Juli a San Vitorino, que la vamos a mandar de chopin.

Misiá Juliana estaba muy emperifollada, con el pelo divino, un conjunto beis y cremita, unas aretas de fantasía fina y en la nuca un pañuelo de seda china, por si los gases lagrimógenos.

Salimos en patota pa San Vitorino, y Tola le preguntó a doña Juli: Misiá Juli, ¿allá no es donde venden puro contrabando? No señora —contestó doña Juli retocándose el colorete—, allá venden es produtos de aquí.

En la Plaza de Bolívar doña Juliana le compró tres confites a un venezolano y le dio una moneda de $200 a un limornero que nos juró y rejuró que había votao por “Duque es el que es”.

Misiá Juli, ¿le gustaría conocer el Trasmileño? Claro Tolita, Peñalosa me habló maravillas. Entonces venga se lo mostramos —dije yo—, pero vamos a una estación que esté completa.

Y cuando arrimamos a la estación Museo del Oro, una marcha que bajaba por la Jiménez nos chupó y en el borbollón doña Juli resultó con una cacerola y Tola resultó con una pancarta que decía: “A todo marrano le llega su Nochebuena”.

Rescatamos a doña Juli y nos seguimos pa San Vitorino a comprar los aguinaldos, pero en la Estación de la Sabana nos chocamos con otra marcha, que no parecía marcha sino haga de cuenta una verbena, con chirimía y todo. Un indio sacó a bailar a doña Juli.

Qué marcha tan galleta —dijo doña Juli—, ¿de qué es? Tola y yo nos miramos y no le quisimos dañar el diciembre y la embolatamos diciéndole que era una marcha de apoyo a la Ley Arias.

¿Ley Arias? —preguntó doña Juli. Cómo así que usté no sabe lo de la Ley Arias, misiá Juliana... me estraña araña. Ay Tolita, en Palacio no prendemos el televisor desde que el médico nos prohibió las noticias.

Ya llegando al sanandresito San José venía otra marcha cantando parodias de villancicos: Nada, nadita nada, nadita ea, Duque no cede nada, pero nadita, nadita ea...

Y de pronto la gente empezó a correr y a gritar: ¡Sálvese quien pueda, que llegó el Esmá! Entonces jalamos a doña Juli y nos metimos al primer chuzo que encontramos, uno de ropa interior.

Y mientras el berriondo Esmá perseguía a los marchantes, doña Juli aprovechó y compró unos calzoncillos amarillos pa que Ivancito se los ponga el 31 y le den suerte... que la va necesitar.

Payola: “Tola y Maruja piden la visa”, Teatro Fundadores de la Universidad Eafit, diciembre 12 a las 8 p.m. Aguinaldo de El Espectador para sus lectores de Medellín. Entrada gratuita inscribiéndose en https://bit.ly/2YoPI5Y.

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2019-12-08T00:00:26-05:00

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2019-12-08T00:30:01-05:00

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