No nos consta

Tola y Maruja son detenidas por ayudar a reparar un CAI

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El presidente Duque nos mandó por guasá una foto disfrazao de policía, con este mensaje: Tías, ya que tenemos asegurada la libertad de mi apá, las espero en Bogotá.

Nos despedimos del Ubérrimo con mucho pesar porque estábamos muy amañadas y hasta encariñadas con el abogao Cadena, un buen muchacho dañao por las malas compañías.

También nos da guayabo dejar el emprendimiento que teníamos: compós hecho con las manzanas podridas del Ejército y la Policía. Lástima, con tanta materia prima.

Cuando llegamos a Palacio el presidente Duquito salía disfrazao de Sebastián de Belalcázar, rumbo a Popayán a un evento de desagravio al conquistador chapetón.

Tías, voy de afán —nos dijo Iván guardando la espada—, esta noche hablamos de la idea que tengo de adelantar diciembre pa que los enfermos de COVID puedan comer natilla.

Le echamos la bendición, le dijimos que harto jundamento y le entregamos la gruesa de butifarras que nos encargó, pa que se las mecatiara en el viaje. Se le iluminó la cara.

La cocina estaba vuelta una melodía porque Ivancito aprovechó que no estábamos pa pedir domicilios, y había regadas cajas de icopor untadas de salsa chatarra.

En esas llegó la ministra Alicia, nos saludó de beso templao y nos dijo que estaba muy bajada porque Ivancho no la dejó renunciar y volase pa Suiza a gozar las mieles de la diplomacia.

Tengo una piedra, tías —nos dijo Alicia con el ojo aguao—. Tan conchudo Iván, quiere que me quede en el país y me chupe las marchas que se vienen, sabiendo que ya cumplí mi labor.

Vimos tan achantada a la pobre Alicia que no le quisimos preguntar cuál “labor”, porque sabíamos que la corchábamos, pues lo único que tiene pa mostrar es la tal cadena perpetua, que sirve pa tres cosas...

A Tola le dentró una llamada del nieto policía, Frakin Covidio, pa invitala a una jornada de pintura del CAI que les vandalizaron en el Par Güey. Nos pusimos los overoles y salimos.

Cuando llegamos había un montonón de vecinos ayudando a pintar el CAI; entonces Tola y yo cogimos un tarro de vinilo y dos brochas, pero un policía nos paró y nos pidió papeles.

Nos requisó contra la paré del CAI, nos esposó y nos preguntó que pa dónde llevábamos la pintura y las brochas, que eso era hurto calificao. Le dijimos que éramos hinchas de la policía y que veníamos a reparar el CAI.

El agente nos miró rayao y nos dijo: Si vienen de regaladas es porque seguramente participaron en los desórdenes y tienen remordimiento, vamos pa un CAI que las voy a judicializar, ¡par de vándalas!

Tola preguntó por el nieto policía, pero no le supieron dar razón, y nos subieron talladas a la patrulla. Yo me nojé y les dije que dejaran de ser bruscos, que respetaran la población senil, pero me quedé callada cuando nos mostraron la táser.

Tola se puso que echaba chispas y les dijo que dejaran de ser miserables, que cómo se les ocurría dale bala a la gente, que no ensuciaran una istitución que todos los colombianos queríamos querer.

Y cuando menos pensamos, una de las chispas que echaba Tola cayó en la táser y la incendió.

Ñapa: General, dicen que usted debe renunciar.

No generalicen...

Ñapita: Algunos indios confundieron a la canciller colombiana con una estatua y casi la derriban.

Payola: Nos leímos la novela de León Valencia “La sombra del presidente”, quizque “el libro que Uribe no quiere que leas”, y sí: ahí está pintao.

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