Toma feminista de la CNDH en México

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El viernes pasado, grupos feministas, de mujeres víctimas y anarquistas se tomaron la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en la Ciudad de México (CNDH). Entre las colectivas que realizaron la toma están madres de desaparecidos, el Frente Ni Una Menos, una organización feminista enfocada en los feminicidios en México y otras colectivas como Crianza Feminista, Movimiento Estudiantil Feminista, Aquelarre Violeta y el Colectivo 10 de Marzo. Las activistas vandalizaron y rayaron la sede con aerosoles pintando en las paredes mensajes como: “Ni perdonamos ni olvidamos”.

Todo comenzó porque el miércoles 2 de septiembre un grupo de víctimas llegó a reunirse con la titular de la Comisión, Rosario Piedra Ibarra, quien, ante la queja por las promesas incumplidas del gobierno, les dijo que las carpetas de sus casos “estaban mal integradas” y que las víctimas tendrían que regresar a sus estados. La respuesta despertó la furia de las colectivas, quienes hoy piden la renuncia de Piedra Ibarra y el viernes se tomaron la sede.

Hoy el edificio se ha convertido en un refugio para las víctimas: dentro de la sede hay entre 30 y 50 personas viviendo allí, entre las que se cuentan niños, niñas y familiares de personas desaparecidas. Durante el fin de semana sacaron cortes de carne y quesos finos almacenados en el comedor de la sede, guardados para un futuro banquete, mientras las víctimas aún no reciben apoyo. Las protestantes también piden que saquen de la sede los folios y papeles de las oficinas pues, en palabras de Yesenia Zamudio, una de las lideresas de la protesta cuya hija fue asesinada en 2016: “La verdad nos estorban, tenemos muchas familias que necesitamos meter a que descansen y no hay espacio por tener sus papeles”. También montaron una mesa de acopio para recibir donaciones de productos básicos y colchonetas, y comenzaron una subasta de los cuadros de Miguel Hidalgo, José María Morelos y Benito Juárez, intervenidos y exhibidos de cabeza, para recaudar fondos para apoyar a las víctimas que no han recibido respuesta del Estado.

El presidente López Obrador dijo en la mañanera del lunes que rechazaba la toma, la tildó de vandalismo, le pidió a las protestantes que “no dañaran el patrimonio de la Nación” y hasta las tachó de ignorantes diciendo que si conocieran la historia de Gustavo A. Madero, no habrían intervenido el cuadro. Zamudio le contestó al presidente que “Madero ya se murió hace años y nadie lo está llorando, como sí lloran las víctimas a sus familiares desaparecidos o asesinados”. Otra de las manifestantes, Érika Martínez, quien luego de denunciar el abuso a su hija se quedó sin casa hace tres años, dijo en la subasta: “Este cuadro, estas flores, estos labios pintados se los pintó mi hija. Mi hija, una niña que a los siete años fue abusada sexualmente. Entonces quiero decirle a ese presidente que cómo se indigna por este cuadro, ¿por qué no se indigna cuando abusaron de mi hija?”.

Lo que las feministas hicieron es una forma de protesta legítima conocida como acción directa. Durante más de dos décadas el movimiento feminista se abocó a crear leyes, políticas públicas, litigar casos y pedir el apoyo del gobierno. Hoy, en México, hay 11 feminicidios impunes diarios y miles de personas desaparecidas. El Estado mexicano, indolentemente, sigue sin dar respuesta, y eso hace de la CNDH, una institución que supuestamente debe defender a las víctimas y representarlas frente al gobierno, una entidad ociosa y obsoleta. Es mil veces más útil y pertinente como espacio de protesta, resistencia y refugio.

@Catalinapordios

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