Por: Cecilia Orozco Tascón

A tomar en serio las responsabilidades

El uso que el senador Juan Carlos Vélez hizo ayer de un presunto apoyo de Angelino Garzón a su proyecto de convocatoria a una asamblea constituyente que le conviene sólo al uribismo, habla muy mal de la calidad humana del congresista y revela su oportunismo.

A pesar de que los detalles sobre el estado de salud del vicepresidente son un misterio, por voluntad comprensible de su familia y amigos, pero injustificable desde el punto de vista del interés de la Nación, se ha filtrado la fragilidad que presenta su cuadro médico y el tiempo que requerirá su recuperación, ojalá exitosa. No en vano los especialistas calificaron su dolencia como un “accidente cerebro-vascular isquémico agudo”. Por eso es repugnante que Vélez intente darle sustento político a la causa de su pequeño grupo, abusando de la probable angustia del convaleciente. Es de lamentar también que los encargados de la información oficial sobre el vicepresidente antepongan la defensa de su posición en el Ejecutivo al derecho que tiene todo paciente a un tranquilo período de recuperación. Lo cierto es que en cuanto dos medios plantearon la dificultad en que estaría el país si Garzón tuviera que sustituir al presidente, empezaron a difundirse noticias sobre “sus horas” de trabajo frente a su despacho y sobre conversaciones suyas con el jefe de Estado.

Angelino Garzón y su familia merecen consideración y respeto, pero nadie puede olvidarse de las conveniencias estatales. Es hora de que la Casa de Nariño se pregunte qué sucedería si el vicepresidente tuviera que asumir intempestivamente la Presidencia por falta absoluta o temporal de Santos. La hipocresía social indica que este asunto no puede tratarse. Sin embargo, es pertinente plantearlo sin tapujos puesto que no existe quién tenga asegurada la vida o la salud. Dice el artículo 203 de la Constitución que “a falta del vicepresidente cuando estuviera ejerciendo la Presidencia, esta será asumida por un ministro en el orden que establezca la ley”. Actualmente sería el ministro Renjifo (!). Añade que “la persona... que reemplace al presidente (a falta del vicepresidente)... ejercerá hasta cuando el Congreso, dentro de los 30 días siguientes a la fecha en que se produzca la vacancia, elija al (nuevo) vicepresidente, quien tomará posesión (hasta cuando se cumpla el período)...”. ¿Qué tal la Presidencia en manos de los congresistas de la reforma a la justicia? Estos podrían votar, cómo no, por Roy Barreras o por Juan Manuel Corzo. ¡Para pegarse un tiro! El Estado debe garantizarle a Garzón su sustento y rango, ejerza o no la Vicepresidencia. Ni más faltaba. Pero un gobernante serio debería velar, simultáneamente, por un tránsito sereno de la institucionalidad.

Entre paréntesis. La administración de Bogotá es displicente ante las críticas ciudadanas y periodísticas, tal vez porque sigue el estilo con que responde su cabeza cuando se le cuestiona. Sería bueno que los altos funcionarios del Distrito recordaran que no nos hacen un favor sino que están obligados a rendir cuentas. La Empresa de Acueducto falta a sus deberes cuando se limita a desmentir sin argumentos, después de negarse a contestar los requerimientos de Noticias Uno antes de su publicación, un informe según el cual hubo dos documentos de su laboratorio sobre la calidad del agua que se consume en parte de la ciudad: el primero mostraba contaminación fecal; el segundo y oficial certificaba pureza del líquido. ¿La Alcaldía no tiene responsabilidades o, por ventura, estará eximida de ellas?

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