Por: Enrique Aparicio

Tomémonos un café

La mujer llegó con agenda en mano como un huracán a la oficina del marido:

“Mira, tenemos que cumplir estas citas: hacer el plan de renovación la casa que se está desbaratando; si te acuerdas, la profesora de Martica – la hija en 4° de primaria - insiste en tener una reunión muy seria con nosotros ¿será que habrá alguna problema psicológico?; tu hermano viene a visitarnos y el único sitio que tenemos disponible para que duerma es la cocina, o que comparta la casita del perro, pero Daniel es problemático y cuando no está de acuerdo se expresa mucho con los colmillos… ¿Qué vamos a hacer?????”

Oí este comentario de una holandesa pila, organizada, trabajadora, casada con un portugués. La respuesta del marido, un ejecutivo con buen puesto en la ciudad de Lisboa, después de pensarlo por unos minutos fue directa, simple, llena de solución: “Tomémonos un café.”

En Holanda, un país que admiro mucho (aún con sus defectos) es de lo más natural hacer algo a lo que muchos latinos le huimos: aquí hay que agendar las citas, las llamadas, las invitaciones, prácticamente todo. Dependemos de una agenda. No es raro que la cita con familiares sea dentro de 15 o 30 días. No se trata de una actitud ofensiva, simplemente es cuestión de agenda. Nadie está diciendo que las agendas no son necesarias, pero es peligroso que se conviertan en el norte de nuestra vida. Una agenda llena de visitas, parte social y de trabajo, indica que vas bien. Eso cree quien la maneja. Que son La biblia, la razón de ser de nuestra existencia. El reflejo de nuestra actividad emocional, cultural y laboral.

Lo que quiere decir que la agenda, en una ilusión de paraíso, elimina aquello a lo que todo ser humano le teme: la incertidumbre. Al mañana sin plan, al mapa en blanco. Al no tener. Al no conocer el paso siguiente.

Si por casualidad quiere "caerle" un sábado a un matrimonio amigo para hablar de lo divino y lo humano, en Holanda puede, repito, puede ser inconveniente y no necesariamente signo de buenas maneras.

Una buena agenda tiene que contar con la muerte asegurada. Hace años hubo un Papa que incluía en muchas de sus pláticas el tema de que se iba a morir pronto y así ocurrió – agenda tema entierro-. Se lo comenté a un jefe que tuve- hombre pragmático y directo- como una hazaña de las premoniciones de un Santo Padre sabio. Su respuesta fue: “Entienda, lo que pasó fue que lo decía a cada rato y un día se embocó.” Hay algo de verdadero en esa respuesta: usted puede agendar lo que se le dé la gana, desde su visión negativa de la vida hasta sus salvaciones e ilusiones.

Dentro de los cinismos comerciales, me acuerdo de alguien muy cercano que se moría de la risa porque las funerarias localizaron su edad y el día del cumple le enviaban ofertas para entierros baratos, con descuentos aquí y allá. Parte de la agenda de los que ya tienen conciencia de partir y no quieren dejarle problemas a nadie en lo terrenal, cómo si hasta morirse en el mundo del capital fuera un problema y hay que agregarlo en la agenda: Pagar cuota de oficio de cremación y adicionales. Reunión con el empleado de ventas de la firma: “Crémese y haga feliz a su familia.”

Estoy de acuerdo que las agendas son necesarias, pero viviendo en Holanda a veces extrañas, sólo a veces y por corta temporada, que si la cita a las 10 am sólo tuvo lugar a las 11 por cualquier cosa, no importa. Y si llegan los vecinos sin avisar para comentarte sobre ruidos muy raros en el edificio eso no constituye una intromisión profunda y desvergonzada en la cotidianidad sólo porque no le avisaron con 15 días de anticipación.

Pero veamos un aspecto positivo de las agendas. Las agendas bien hechas de los gobiernos tienen beneficios enormes para la comunidad. Si la administración pública funciona debido a una agenda clara y ordenada, casi que no importa quién es el gobernante de turno, habló de Europa Norte. Bélgica estuvo sin gobierno y cabeza del mismo por un año y medio, pero la burocracia sabía lo que tenía que hacer, una agenda, una dirección y normas. Y así aguantó. Holanda también ha pasado por momentos acéfalos de gobierno. Pero el país funciona. Sabe qué tiene que hacer. No sé qué pasaría en un país latinoamericano si se quedara sin presidente por un año.

Me pregunto si no hay manera de esquivar toda esta preparación para averiguar el porvenir. Creer que el futuro es una agenda bien hecha, es como pensar que tenemos total dominio de las circunstancias. Las agendas bien hechas calman, pero no son la realidad. El ejercicio de la intuición diaria, el creer que los proyectos de vida tienen razón de ser, son la mejor agenda y eso es algo diario, presente. Como dijo algún poeta: “el pasado nos encadena, el futuro nos tortura y el presente es el mejor regalo”.

El diario El País de España del viernes tiene un artículo de un médico de 81 años a quien le anunciaron un cáncer terminal, el señor Sacks (http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/19/actualidad/1424366454_934409.html). Con un contenido de palabras muy bellas, que dan mucho para pensar, transmite el mensaje de que la vida no es una agenda. Son el diario vivir y los retos que implica nuestra responsabilidad por vivir bien, no materialmente sino emocionalmente, lo que constituye una verdadera agenda.

Hoy domingo, “Tomémonos un café” y olvidémonos de las agendas.

Enrique Aparicio – Holanda – Febrero 2015 

 

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