"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

hace 0 sec
Por: Columnista invitado

Top 5 de un ciclista fanático

La bicicleta está de moda. No sólo me refiero a la moda ciclista de París, Ámsterdam y Buenos Aires, donde la bicicleta ya es símbolo de transformación urbana.

Esta ola avanza con madurez aromática desde Cali hasta Ibagué. De sopetón, parece ser que fuera el único medio de transporte aceptado en esos barrios que reclaman ser tradicionales; pareciera como si todas las niñas lindas se hubieran comprado su “cicla” y, lo que es peor, como si todos los aspirantes a politiqueros se hubieran puesto de acuerdo para tomarse la foto —con cara de falsa comodidad— sobre la “bici”. Que sea el momento entonces para escribir lo que nadie tiene el coraje de decir: ¡no me montaré a la bicicleta! No caeré en esa trampa de la moda. Tomo esta decisión no tanto porque me dé miedo abandonar mi camioneta 4x4, sino porque no me aguanto a esos predicadores posmodernos: los fanáticos de la bicicleta. Protéjase y reconózcalos:

1. Sólo ven por los ojos de un vehículo. Aunque provienen de distintos bagajes sociales, económicos y académicos, estos personajes están recargados de pasión profunda por un único vehículo. Un pequeño artefacto movilizado enteramente por energía humana, compuesto esencialmente por dos ruedas, un marco y unos pedales. Dicen ellos que su diseño no ha sufrido ningún cambio profundo en más de 150 años; lo cual no deja de ser extraño para nosotros, los conductores de carro que hacemos un gran esfuerzo por cambiar nuestro “bebé” cada que pierde su olor a nuevo.

2. Su retórica diaria incluye un salpicón de palabras positivas y alegres. Les encanta usar el adjetivo “apasionante” para describir cuanto nuevo hallazgo se les atraviesa; usan el verbo “pedalear” como substituto de casi cualquier otro verbo de acción, como por ejemplo andar, seguir, subir y —a veces— coquetear.

3. Creen que van a salvar el mundo. Estos pseudoambientalistas han esculcado Wikipedia y se han memorizado las estadísticas sobre la sostenibilidad urbana. Saben que el futuro del mundo depende del futuro de las ciudades y que éste, a su vez, depende del futuro de la movilidad urbana. Por lo tanto defienden a ultranza que la movilidad a pie y en bicicleta son vitales para asegurar el balance del planeta.

4. Son lentos, inadmisiblemente lentos. En la vía van a menos de 25 km/h, bloquean el libre flujo de nuestros carros racionalmente equipados con motor de Fórmula 1, en los únicos momentos en los que podemos acelerar al máximo: esos tramos de 300 metros entre el semáforo verde y el trancón causado por el próximo semáforo en rojo. Cuando se bajan de la bicicleta caminan lento, observan el paisaje con detenimiento. Arman trancones en las cajas registradoras y no tragan la comida sin haberla masticado antes en su totalidad, lentamente.

5. Sin ser economistas expertos, ofrecen cátedras espontáneas sobre el concepto de las “externalidades”. Explican los números exactos que el uso frecuente de la bicicleta aporta en salud pública, economía urbana y medio ambiente. Lo exponen parados con seguridad, con brillo en los ojos, como si fuera una receta mágica creada por un asesor de campaña electoral. Terminan por pedirle al infortunado interlocutor que se baje del carro una vez por semana, para ensayar la “bici”. Que use el transporte público dos veces por semana, que camine cada vez que pueda.

Todas las modas pasan, así que seguiré ignorándolos. No importa si esto implica que me toque ignorar flagrantemente a toda esta generación, que parece haberse rendido por completo ante un noble y sencillo objeto que nos seduce para convertirse en la herramienta de transformación cultural más poderosa de este siglo. Primero mi honor. ¡Abajo la bicicleta!

@CadenaGaitan

Buscar columnista