Por: Hernando Roa Suárez

En torno a la paz. Ideas fuerza

Los colombianos debemos tener claro que 65 años de violencias diversas, no se van a solucionar en el corto plazo. Es un engaño a la opinión pública, simplificar la complejidad que envuelve la construcción de la paz.              

Al revisar el proceso histórico de nuestra Nación, en los últimos seis decenios y medio (1948–2013), encontramos que el mayor problema para resolver el futuro de Colombia está correlacionado entre las problemáticas de la anomia (conductas desviadas) y la atonía (falta de cohesión social), con el de las violencias y la construcción de la paz.

Para acercarnos a la comprensión de la complejidad y originalidad de los procesos de construcción de la paz entre nosotros, puede resultar muy útil caracterizar los distintos tipos de violencias. Un camino viable, no el único, puede ser realizar analíticamente la siguiente periodización: 1948-1953 (Violencia bipartidista; asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; “golpe de opinión” contra Laureano Gómez); 1953-1957 (Gobierno de Rojas Pinilla); 1957-1974 (Gobierno de transición y desarrollo del Frente Nacional; implementación nacional de un clima de paz; exclusión de algunos sectores políticos); 1974-1986 (Gobierno de López Michelsen; fin del gobierno de Belisario Betancur. 1985: Toma del Palacio de Justicia); 1986-1990 (Gobierno Barco; organización de gobierno-oposición; firma de amnistía con el M-19; surgimiento de nuevas formas de violencia unidas al narcotráfico y el paramilitarismo); 1990-1994 (Gobierno Gaviria; implementación del modelo económico neoliberal. 1991: Convocatoria Constituyente; firma de la Nueva Constitución; muerte de Pablo Escobar); 1994-1998 (Gobierno Samper; proceso 8000; confrontación narcotráfico y paramilitarismo; concreción de importantes proyectos sociales; fortalecimiento de la Función Pública y de la ESAP); 1998-2002 (Gobierno Andrés Pastrana; diálogos de paz; fracaso negociaciones del Caguán; fortalecimiento de las FARC); 2002-2010 (Gobierno Uribe; acorralamiento a las FARC; problemáticas reeleccionista y paramilitar); 2010-2014 (Gobierno Santos. 2012: Negociaciones de paz en la Habana. 2013: surgimiento de serias expresiones de inconformismo de movimientos sociales, especialmente en el sector rural; búsqueda de reelección presidencial).

Ahora bien, en nuestros días, nos encontramos con la firma del punto 2 (participación política), de la agenda de negociaciones de la Habana, donde se han acordado parcialmente, unos temas. Ante estos avances, una primera observación que se me presenta significante, es que los colombianos debemos tener claro que 65 años de violencias diversas, no se van a solucionar en el corto plazo. Es un engaño a la opinión pública simplificar la solución de nuestro más grave problema, ya sea por la vía de las armas o del diálogo.

La experiencia del tratamiento de otros procesos en América Latina, Europa, África y Asia, nos indica que, en pleno siglo XXI, el camino óptimo para construir la paz y solucionar los conflictos, es la vía del diálogo. Y por supuesto, me parece conveniente recordar lo afirmado por el Padre Francisco de Roux: Todos en Colombia somos responsables, en diversos niveles, de esta barbarie con 250.000 personas muertas por una guerra en la que nunca hemos hecho los cambios de fondo que el país necesita. (1)

Algunas ideas fuerza. Teniendo en cuenta las evoluciones sociopolíticas contemporáneas, las siguientes ideas fuerza desean solo facilitar algunos criterios que nos puedan servir para el manejo del proceso del diálogo en la Habana y la formación de una conciencia democrática para el abordaje de la problemática. Ellas son:

i- Observando la importancia de los conceptos, la paz puede ser concebida en nuestros días, como la ausencia de violencia abierta, estructural y cultural. ii- Nuestro ordenamiento constitucional está permeado -como nunca antes- por la importancia del tema de la paz y uno de sus postulados sustantivos sostiene que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

iii- Como constructores de paz, vale la pena trabajar por la institucionalización de la justicia social, fundados en los presupuestos democráticos constitucionales. iv- Hoy, como ayer, hacer no es agitarse; es realizar lo difícil. Por tanto, nos corresponde intervenir en la construcción de la paz, que es el proceso más importante. Allí está en juego el destino democrático de nuestra Nación.

v- La comprensión de las características de la complejidad de la guerra contemporánea en Colombia, es de vital importancia para la conservación y profundización de la democracia. Las afirmaciones electoreras que pretenden reducir la construcción de la paz, al mero uso de las armas, dando la ilusión de que ese es un triunfo fácil y rápido de alcanzar, son un engaño que ignora cuán difícil es construir el proceso de paz. vi- Propiciar la consolidación de un modelo de desarrollo económico que permita cristalizar el Estado social de derecho, es un camino para viabilizar la democracia participativa y la construcción de la paz, fundada en la justicia conmutativa y distributiva.

vii- Al ser reconocidos como defensores de la paz, deben existir manifestaciones expresas de nuestro compromiso; y en él, lo que está en juego es nuestro ser dinámico y creador, porque comprometemos no tanto nuestro presente, cuanto nuestro porvenir. viii- No elegir políticos responsables y experimentados, en gobernabilidad y cultura de la paz, es precipitar la democracia colombiana al caos. Es necesario impulsar procesos que faciliten el surgimiento de nuevas culturas políticas en torno al papel del Estado, el ordenamiento territorial, la descentralización y la construcción de la paz. Propiciar una nueva cultura de paz, implica construir solidariamente formas de ver, vivir y sentir la ausencia de violencia abierta, estructural y cultural.

ix- Si bien es cierto que la academia ha estado presente en las diferentes convocatorias públicas, a favor de un nuevo esquema de convivencia, es tiempo ya de fundar esa intencionalidad en una renovada vocación de servicio de la universidad: contribuir a repensar la construcción de los procesos de paz. Ante los desafíos que nos presenta nuestra compleja realidad, es necesario fomentar el surgimiento de una cultura política diferente. Las universidades pueden contribuir eficazmente, reformulando los currículos, incluyendo el tratamiento de la problemática de la paz, desde el pregrado hasta los doctorados y postdoctorados, tanto en ciencias sociales como naturales; y x- No olvidemos que los medios de comunicación, deben desempeñar un papel fundamental en la creación de un ambiente societal que propicie formas de vida compatibles con la construcción de la paz. [email protected]

Referencia:
(1) Claudia Palacios – EL PUEBLO, octubre 27 de 2013. Entrevista a Francisco de Roux S.J.

Lecturas iniciales: ALAPE, Arturo (1984). El Bogotazo. “Memorias del olvido”. Pluma. Bogotá. pp. 205-455. ROA SUÁREZ, Hernando (2012). Construyamos paz y democracia en América Latina. Aportes a su debate y concreción. Entrevista a Johan Galtung.  Revista Análisis Político. IEPRI-Universidad Nacional No. 75. Bogotá. pp. 139-173. _______ (2012). Colombia Política. Ensayos y escritos. Universidad Javeriana-Grupo Editorial Ibáñez. Bogotá. pp. 238-255; 427-495.

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