Por: Hernán Peláez Restrepo

¡A trabajar!

Cuando se conozca el 1° de diciembre el programa de juegos para la Selección Colombia en el Mundial de Rusia, el próximo año, lo más lógico sería que al día siguiente el numeroso grupo de ayudantes de José Néstor Pékerman disponga de videos e información relevante para la preparación de la Copa del Mundo. Como por ejemplo: ¿qué tipo de jugadores tienen?, ¿en qué ligas están?, ¿son veloces?, ¿cómo clasificaron? Los anteriores cuestionamientos y otros más deben ser respondidos en tiempo récord.

Visto lo anterior y con algún conocimiento, es urgente localizar rivales para juegos amistosos que tengan una cercanía con los contrincantes oficiales, esto para evitar sorpresas desagradables como la vivida en el reciente juego con Corea del Sur, en el que nuestro país cayó 2-1. Pero más allá de los duelos están los futbolistas elegidos y hasta aquí no he mencionado cuáles merecen ir, por lo hecho hasta ahora, a la fiesta del fútbol.

Así tengamos cantidad enorme de jugadores en los mejores equipos del planeta, creo que llegamos a 12 que por ahora se están ganando su cupo: David Ospina, Dávinson Sánchez, Yerry Mina, Carlos Sánchez, James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado, y en un segundo escaño estarían Radamel Falcao García, en etapa de recuperación, y Carlos Bacca, quien ha vuelto a figurar gracias a su llegada a Villarreal.

Los que he mencionado llevan mucho tiempo jugando juntos, lo cual al menos garantiza una posibilidad de conseguir un estilo claro dentro del terreno de juego. Algo que es para romperse la cabeza es el asunto de los laterales. Más allá de Santiago Arias, Frank Fabra y sin saber cómo está en Paraguay Farid Díaz, las opciones son pocas. En este puesto estamos en una precaria situación.

Entendemos que resulta difícil disponer de los jugadores por espacios largos para ejercitar y memorizar movimientos de juego, por lo que es necesario buscar otras alternativas. Será cuestión de diseñar planes de juego para cada una de las líneas y enviárselas por cualquier vía a los que queden. Al menos el futbolista sabe qué es lo que quiere el entrenador y qué espera de él en la cancha. Sé que resulta un trabajo raro, más teórico que práctico, pero es una opción. Y si no es posible, queda otra: viajar y conversar con cada candidato. Si la montaña no viene a mí, hay que ir a ella, pero rápido, porque el tiempo es corto.

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