Por: Andrés Marocco

A trabajar en la torre

El factor mental es tal vez lo más importante en cualquier actividad deportiva. Los mejores son los que combinan efectivamente su talento con la cabeza. Esto no quiere decir que siempre lo hagan con precisión relojera, a veces se equivocan. No somos metrónomos, el ser humano es un torbellino de sentimientos, emociones, reacciones y actitudes.

Si me permiten, se puede interpretar por ahí de paso la caída actual de un grande como Roger Federer entre otras explicaciones. No es que se le haya olvidado jugar, sino que su cabeza parece no estar tan sincronizada. Basta ver su lenguaje corporal y se ve a las claras que algo no está bien. Si eso pasa con un monstruo como él que ha tenido toda la formación y preparación para lograr lo que ha hecho, imagínese qué puede pasar con nuestros deportistas.

Ahora que jugamos con Francia, muchos pensamos en el tema de fortaleza mental, la actitud, el ‘creerse el cuento’ y demás frases por el estilo con nuestros jugadores. Pero, ¿qué se está haciendo desde la base en el tema psicológico? ¿Será que seguimos convencidos de que sólo se necesita talento para triunfar? Este es un país que desprecia socialmente todavía al futbolista. ¿Si su hija sale con el volante del Quindío o del Tolima sería lo mismo que con un médico o ingeniero? La mayoría de jugadores vienen de abajo y toda la vida han sufrido por lo mal que los trata una Colombia que después les exigirá que se maten por la camiseta de la selección.

No ven un peso en 18 años y de repente ganan más que un oficinista promedio. ¿Cómo no embarrarla? Si trabajamos en la cabeza de nuestras futuras estrellas, estarán mejor capacitadas para enfrentar la cruda realidad de un medio que aplaude menos de lo que critica. Ya es hora de acompañar los procesos con psicólogos. Hemos perdido tanto que es  bueno empezar a prepararnos para ganar alguna vez.

 

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