Trabajo sexual virtual

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La secretaria de la Mujer de Manizales, Matilda González, anunció un proyecto educativo para trabajadoras sexuales. Ante el coronavirus, las trabajadoras expresaron que el confinamiento las había privado de su ingreso vital, que era la prioridad absoluta de ellas. Agregaron que, incluso, algunas habían acudido a virtualizar su trabajo.

Con buen sentido, la secretaria de la Mujer comprendió que la combinación de ambas estrategias no solo permitiría continuar con el proceso educativo, sino también acomodar el trabajo virtual a las exigencias de distancia social y cuidado frente al contagio.

Es necesario precisar que el intercambio sexual virtual se ha expandido de manera importante. De igual modo, el Ministerio de Salud produjo un documento en el que sostenía que la pareja más segura era uno mismo, abriendo una puerta que en el pasado había sido materia de descalificación profunda. La Iglesia católica había arremetido contra la autosatisfacción, amenazando con consecuencias aterradoras y castigo eterno.

La secretaria agregó que esta modalidad también mitigaría la vulneración de los derechos de las trabajadoras, sometidas a múltiples atropellos, incluso algunos cometidos por la policía.

Poco después de comenzar la prueba piloto, la Procuraduría a través de la doctora Adriana Herrera remitió al alcalde un oficio en el que planteaba una presunta irregularidad: que se estaría promoviendo el delito de inducción a la prostitución.

La secretaria Matilda González emitió un documento en el que aludió a la situación catastrófica de las trabajadoras, precisó el ámbito del programa y recordó que la Corte Constitucional, mediante la Sentencia 62 de 2019, estableció que el trabajo sexual tenía reconocimiento legal si era un ejercicio libre. A diferencia, claro está, de la mezquina explotación. En algunas tutelas, incluso, señaló que estaba prohibido “tomar medidas de prevención negativa contra la prostitución, a través de medidas penales o de policía”.

Todo este periplo, inicialmente limitado a mecanismos de virtualización con doble propósito, educativo y laboral, terminó inmerso en la vieja discusión entre abolicionismo y permisividad.

Es claro que la virtualización exigiría controles especiales. Pero el trabajo sexual en nuestro medio es una realidad de la cual dependen muchas mujeres y sus familias. El fragor de esta discusión ha terminado afectando a Matilda incluso en lo personal. El 27 de julio fue denunciada penalmente. Se toma una declaración de una prostituta que dice que quiere alejarse del trabajo sexual y “seguir haciendo mi labor como activista, como líder de las chicas trans”, y se deforma de manera inaceptable. El denunciante deduce que esta es la demostración de que la declarante quería salir de su trabajo y que la ayuda de la Alcaldía la retuvo, mezclando de manera miserable la prostitución con una tarea social de reivindicación de las personas trans. El ataque ladino es sacar a relucir de modo ruin la situación personal de la secretaria, situación que ha sido materia de persecución con una sevicia digna de examen psicológico.

Sabemos que el tema es difícil. Respetamos opiniones en contrario. Pero ante esta dramática realidad, valdrían la pena unas palabras de Fernando Carrillo. En todo caso, esto es lo que quiere el llamado Centro Democrático. Montar banderías electorales a costa de los derechos de las minorías.

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