Por: Mauricio García Villegas

Tradición y violencia (I)

Se ha discutido mucho sobre la incidencia que la injusticia social y la debilidad del Estado han tenido en la violencia en Colombia. Pero no se ha explorado el efecto que la cultura y los valores tienen en esa violencia.

En días pasados he intentado aproximarme a este asunto con la ayuda de Andrea Ramírez, una estudiante del IEPRI en la Universidad Nacional, estadística de profesión y quien hace parte de un grupo de investigación que está a mi cargo. Lo que hemos hecho es utilizar las bases de datos de la Encuesta Mundial de Valores (WVS por su denominación en inglés) y relacionarlas con datos de conflicto armado y de homicidio.

La WVS es una gran encuesta que mide las opiniones, los valores y las creencias de la gente en más de 80 países. La encuesta, ideada por Ronald Inglehart y Christian Welzel, utiliza dos variables: la primera clasifica los países entre tradicionales y seculares. Los países tradicionales son aquellos que más aprecian cosas tales como la religión, el amor por la patria, la autoridad, los lazos familiares estrechos, la penalización del aborto, etc. Los países seculares, en cambio, se inclinan por preferir los valores opuestos a los tradicionales (pluralismo religioso, tolerancia, despenalización del aborto, etc.). La segunda variable clasifica los países entre los apegados a la seguridad (física y económica) y los que prefieren la autoexpresión. Los primeros son etnocéntricos, tienen bajos niveles de tolerancia con los extranjeros, con los gais, etc., mientras que los segundos defienden altos niveles de participación e inclusión en asuntos económicos, políticos y sociales.

Una simplificación brusca de esas variables es esta: la primera mide el grado de secularización y la segunda mide el grado de democratización.

De la combinación de estas dos variables surge la célebre gráfica de la WVS. Si usted está leyendo la versión impresa de esta columna y tiene afán o tiene poca paciencia, pase al siguiente párrafo. De lo contrario mire este enlace o lea esta explicación: en el extremo superior derecho de la tabla están los países más seculares y más democráticos (Suecia, Dinamarca, Noruega, etc.). En el extremo inferior izquierdo están los menos seculares y menos democráticos (Zimbawe, Egipto, Irán, etc.). En el extremo superior izquierdo están los más seculares y menos democráticos (países excomunistas) y en el extremo inferior derecho están los democráticos y poco seculares. Allí están México, Irlanda y no muy lejos (por encima) Estados Unidos y (por debajo) Colombia.

Lo que hicimos en el IEPRI fue agregar los datos de conflicto armado y de tasas de homicidio a la gráfica de la WVS. Los resultados sobre conflicto armado aparecen dispersos por toda la tabla, lo cual significa que no es posible asociar ese tipo de violencia con las creencias de la gente.

En el caso del homicidio, en cambio, sí parece haber una correlación fuerte con lo que la gente cree. Casi todas las tasas altas de homicidio están en la parte baja de la tabla, es decir donde están ubicados los países que tienen mayor apego a los valores tradicionales. Mientras más secular es un país menos violento parece (en homicidos) y viceversa, mientras más cree en valores tradicionales (dioses, patrias, familia, autoridad, prohibición de drogas, de aborto, etc.) más se inclina hacia la violencia homicida.

Estos hallazgos, y otros que se han hecho en sentido similar, ponen en tela de juicio la vieja idea de que por fuera de la religión impera el caos y el vicio; idea esta que se refleja bien en la célebre frase de Dostoievski “Si Dios no existe, entonces todo está permitido”. Más bien parecería que es lo contrario. Pero de esto hablaré en mi próxima columna.

 

 

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