Por: Víctor de Currea-Lugo

Traduciendo el islam

El problema es también el Islam que nos hemos inventado. Creo que los que solemos escribir sobre el islam, los opinadores, debemos ser mejores conocedores del tema, como un deber ético para con los lectores y para con los creyentes.

Un invento es que el islam es por definición violento. La palabra tiene el mismo origen de la palabra salam, que significa paz.

Y musulmán es el que practica el islam sometido a sus normas, a la religión que expandió Mohamed por el mundo. Ese sometimiento es a su fe. Puede resultar ofensivo traducir Mohamed como Mahoma ya que sus seguidores prefieren el nombre original y lo mismo aplica para Allah, Dios en árabe, que no lo traducen.

Pero eso no significa que el Dios de los árabes se llame Allah, como nadie diría que el Dios de los estadounidenses se llame God. Además, no todos los árabes son musulmanes, ni todos los musulmanes son árabes.

La expresión “Allahu Akbar”, que traduce “Dios es el más grande”, la he oído de labios musulmanes ante casi cualquier cosa. Su uso no es necesariamente confesional. Lo difícil es indagar antes de concluir, explorar lo que ellos entienden por islam, sin imponer lo que nosotros deducimos. Por ejemplo, no existen los mahometanos: los musulmanes no adoran a su profeta sino sólo a Dios (diferente de los cristianos). Y como la prensa debe hablar también a los especialistas, qué poca credibilidad genera un texto que empiece hablando de los mahometanos.

La precisión no puede supeditarse a lo que la RAE diga, sino también a lo ideológicamente implícito. Por ejemplo, traducir “yihad” como “guerra santa” genera problemas. La palabra yihad traduce “esfuerzo”, en árabe es masculino y algunos la mencionan en femenino por obra y gracia de la RAE. ¿Más cercano así a LA guerra que a EL esfuerzo? Aclaremos que todo musulmán está de acuerdo con el yihad (sí, en masculino) en cuanto esfuerzo por superarse y agradar cada día a Allah con sus acciones; pero con la traducción como “guerra santa” se representa a todos los musulmanes como partidarios del terrorismo. Esa traducción del islam es similar a la que hace el Estado Islámico.

A propósito de la RAE, si de españolizar se trata entonces no digamos más CIA y usemos siglas traducidas para IRA y ETA. La RAE acepta que se pronuncie en España iceberg y Spiderman tal como se escriben, pero dudo que en un noticiero colombiano alguien diga vídeo (con tilde en la í) porque la RAE lo dice, o “Jeyms” a James Rodríguez. Volviendo al mundo musulmán, seguiré diciendo Estado Islámico y no ISIS, porque así se autodenominan ahora, como se autodenominan los grupos, y los periódicos. A propósito, pocos recuerdan que los que pelean armas en mano contra el Estado Islámico son en su mayoría musulmanes.

Leyendo prensa internacional, veo que numerosos opinadores alimentan la islamofobia: el odio hacia algo que ni siquiera conocen. Nada justifica el asesinato de periodistas, pero tales crímenes no nos sustraen del deber de saber de qué estamos hablando. Resumiendo, ni islam traduce violencia, ni yihad terrorismo, ni la RAE puede ser el “Libro Sagrado” de los periodistas, porque por esas cosas a veces quedamos “lost in translation”.

 

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