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Tasajera y su cruel realidad

La reciente tragedia en Tasajera (Magdalena), que fue solo titulares de diario apenas hace una semana, ya se olvidó. Muy cerca de Aracataca y en la misma región de “Macondo”, en este país donde la realidad supera a la ficción. El cotidiano acontecer de corrupción general, fanatismo irracional, violencia desatada, indolencia e impotencia creciente ante una cruel realidad que nos supera con creces hace ver muy lejos la luz en el túnel. La pandemia no ha hecho más que desnudar (y aumentar en gran medida) la dolorosa situación de un país en crisis permanente.

La explosión de Tasajera no es un hecho aislado. Hasta hace unos pocos lustros era una idílica aldea de pescadores felices que vivían a la orilla de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Sin embargo, la construcción de la carretera Barranquilla-Santa Marta interrumpió el flujo natural entre las aguas (dulces) de la ciénaga y el mar, trayendo como resultado la desaparición de la pesca, única forma de sustento de los habitantes de Tasajera, hasta dejarlos en la inopia, esperando que alguna tractomula se accidente en la carretera que acabó con el sustento de sus familias, para saquear la carga.

Es la consecuencia de una obra mal diseñada. Si se hubiese incluido uno o varios puentes no se habría ocasionado el enorme daño ambiental y económico a Tasajera, al conservar el flujo e intercambio natural de agua dulce y salada y de los peces. Qué nombre tan paradójico: sus habitantes son “tasajeados” vivos bajo el sol canicular del Caribe en su Tasajera, que no desean abandonar.

Otro tanto puede ocurrir con los habitantes del Bajo Cauca, aguas abajo de Hidroituango, cuya tragedia ya se olvidó, luego de la emergencia de hace dos años que por poco hace colapsar la presa. Hay obras públicas de enormes consecuencias ambientales y sociales que deberían ser cuestionadas a tiempo.

Manuel José Restrepo.

Un presidente sin dignidad

No soy partidario de ningún nacionalismo, pero siguiendo lo que ha dicho y hecho Donald Trump contra los migrantes mexicanos (tratarlos como escoria) y su obsesión por edificar el muro en la frontera entre México y Estados Unidos, da vergüenza ajena la posición del presidente mexicano, López Obrador, cuando dijo en Washington la semana pasada: “También quise estar aquí para agradecerles al pueblo de EE. UU., a su gobierno y a usted, presidente Trump, por ser cada vez más respetuosos con nuestros paisanos mexicanos”. Su actitud no puede calificarse más que de abyecta y The Washington Post la llamó, benévolamente, “diplomacia subordinada”.

Ramiro de Jesús Restrepo Uribe.

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