Por: Jorge Iván Cuervo R.

Tragicomedia

Si no fuera por el drama que finalmente siguen viviendo los secuestrados por cuenta de la indolencia de las Farc y la intransigencia del Gobierno, podría decirse que la serie de equivocaciones, imprevisiones, desafueros verbales y cálculos políticos que han estado a la orden del día tras la fallida mediación del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para lograr un intercambio por razones humanitarias, hacen parte de una comedia. Pero no, se trata de una tragedia el hecho de que lo político siga imponiéndose sobre lo humanitario.

En este fallido proceso todos se han equivocado. Se equivocó el presidente Uribe al autorizar como mediador al presidente Hugo Chávez, un megalómano en busca de protagonismo, que no se detiene ante nada para descargar toda su incontinencia verbal. El resultado de que el proceso se saliera de madre era previsible; la falta de planificación y de estrategia por parte de Uribe, que gobierna para el día a día, sin  cálculo político, también es su responsabilidad.

Se equivoca Chávez al no entender la naturaleza de su mandato —que no era otro que el de generar confianza con un actor históricamente desconfiado sobre tener acercamientos con el Estado— y querer llevarse el protagonismo sin haber logrado nada a cambio de las Farc, ni siquiera una prueba de supervivencia. Y además facilitando un escenario de reconocimiento y visibilidad internacional de ese grupo guerrillero, con el que el Gobierno no contaba. No es por ser amigo de las partes que se es mejor o peor mediador, es por ser serio, y Chávez no lo es.

Se equivoca Piedad Córdoba al haber establecido excesivos lazos de confianza con las Farc, lo que le restó credibilidad a su mandato, más allá de la buena fe con que asumió su labor humanitaria. Se equivoca al haberse tomado la foto con los jefes guerrilleros, se equivoca en haber llamado al general Montoya y otras personalidades del país para explicar su misión, se equivocó en pasarle a Chávez al general. Le faltó prudencia y discreción. Hoy, la senadora carga injustamente con los platos rotos del fallido intercambio, situación relacionada seguramente también con el hecho de ser mujer, negra y opositora del Gobierno.

Claro, las declaraciones que en alguna oportunidad ella expresó en un escenario internacional contra el gobierno de Uribe no ayudan para nada a que la opinión pública comprenda la situación de la senadora. Pero, ¿por qué sólo hasta ahora le quieren pasar esa cuenta de cobro?

Se equivocan las Farc, porque demuestran una vez más que las razones humanitarias están subordinadas a las razones políticas y estratégicas. Demuestran que su indolencia no tiene límites, y que esperar gestos humanitarios de parte de ellas es una vana ilusión. Si no los ablandó la verborrea populista de Chávez, difícilmente lo va a lograr otro actor.

Cuando pensábamos que todo quedaría allí, en un intento frustrado más para la liberación de los secuestrados, el asunto pasó a mayores, y hoy estamos ante una crisis diplomática sin precedentes, gracias al cruce verbal de los presidentes Chávez y Uribe, lo que demuestra que cada uno, a su manera, se parecen más de lo que cualquiera puede imaginar.  Ambos dan rienda suelta a sus emociones sin consideraciones sobre el daño que eso puede causar a las instituciones y, en este caso, a las relaciones entre los dos países.

La falta de una estrategia clara, de una hoja de ruta definida con responsabilidades y límites, permitió que se armara este berenjenal, para lo cual sólo esperamos que se recupere pronto la vía diplomática, que las cancillerías de uno y otro país retomen sus competencias, que un tercero ayude a acercar a los dos mandatarios. Los gobiernos de Caracas y Bogotá tienen que entender que las relaciones entre países finalmente son de Estado y de pueblos, no de los temperamentos de los gobernantes de turno ni de las coyunturas internas de cada país.

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