Por: Alejandro Reyes Posada

Las trampas de deshonestidad del país

EL SISTEMA DE GUERRA HA HECHO caer a Colombia en una trampa de deshonestidad en cuatro dimensiones fundamentales: la seguridad, la política, la justicia y la captura de la riqueza. En seguridad, la dirigencia nacional se alió con ejércitos mercenarios privados para combatir a las guerrillas y sumió al país en la barbarie paramilitar y la guerra sucia contra los movimientos sociales y de derechos humanos. En la política, la simbiosis de los partidos con las mafias de la corrupción pública y privada impide abrir la puerta a los intereses sociales y comunitarios en la toma de decisiones y derrocha la inversión social en manos de contratistas que financian campañas.

La justicia se pretelizó al crear un mercado ilegal de decisiones judiciales que se venden a quienes pueden comprarlas, mientras la congestión deja sin solución la gran mayoría de los litigios y los crímenes quedan impunes. La captura de riqueza se inclinó a favor de los mercados ilegales y la violencia de robo, mientras el régimen de propiedad protege a los rentistas que han secuestrado la tierra que por ser baldía estaba destinada a los campesinos, expulsados a la periferia sin economía ni Estado.

Para que la paz no fracase, el fin del conflicto armado demanda comenzar a remontar el foso de estas cuatro trampas de deshonestidad, para ir cambiando la estructura de estímulos y sanciones a favor de los militares y policías honestos, promover a los políticos orientados al bien general, apoyar a jueces, fiscales y magistrados rectos y asfixiar a las bandas predatorias que capturan rentas ilegales y eliminar las rentas de la tierra que convierten la inversión pública en ganancia privada.

El problema de caer en una trampa de deshonestidad es que resulta muy difícil para los honestos competir con las mismas reglas y triunfar en sistemas competitivos con quienes le hacen trampa al sistema de costos y recompensas. Los honestos prefieren retirarse del juego viciado y dejar el campo libre a los bandidos, que entonces imponen la trampa como nueva regla. Una vez adentro, una sociedad no sale de la trampa de deshonestidad sino con esfuerzos sistemáticos durante mucho tiempo, de manera gradual y progresiva, hasta premiar los comportamientos honestos y hacer muy gravosos los deshonestos.

Por todo lo anterior resulta una paradoja que las guerrillas exijan en la mesa de negociaciones el saneamiento de los sistemas de seguridad, la transparencia del sistema electoral, la purificación de la justicia y la eliminación del latifundio improductivo, como condición para ingresar a la competencia política sin armas, cuando sus deterioros tuvieron mucho que ver con la adaptación negativa del sistema de poder a la guerra insurgente que plantearon hace medio siglo al país. La guerra contrainsurgente desbordó los límites impuestos por los derechos humanos, la política se alió con las mafias surgidas de la debilidad del Estado, la justicia se corrompió y los captadores de rentas se armaron en bandas predatorias, mientras se abortó la reforma agraria por la infiltración de las guerrillas en los movimientos campesinos.

Con la terminación del conflicto armado comienza la difícil y lenta reconstrucción del Estado de derecho, la superación de las trampas de deshonestidad y el fortalecimiento de la democracia con inclusión social, para garantizar derechos humanos, sociales y políticos a la población.

alejandroreyesposada.wordpress.com

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2016-05-21T00:48:26-05:00

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