Por: Eduardo Sarmiento

Transformación productiva y equidad

Ayer presenté en la Feria del Libro la obra que lleva el mismo título de la columna. El trabajo incorpora la información de las poscrisis en el análisis de las teorías e instituciones y, en especial, en la formulación de la propuesta alternativa.

El libro arranca mostrando que en los veinticinco años que siguieron a la globalización el crecimiento y la distribución del ingreso retrocedieron con respecto a las décadas anteriores en la mayoría de los países. Lo mismo que en la crisis de Asia en 1997 y de América Latina en la década del 90 y en lo corrido de la presente década, y ahora de Estados Unidos y Europa, los infortunios son el resultado de teorías e instituciones inadecuadas, que se cuestionan en los distintos capítulos.

Entre los nuevos axiomas que se presentan en el libro, en esta oportunidad me referiré a tres de ellos que adquieren especial relevancia en el momento. Primero, el mercado monetario opera en desequilibrio y el sector financiero es estructuralmente inestable. Como lo ilustra la experiencia de Estados Unidos y Europa entre 2007 y la fecha, la política monetaria es de baja efectividad y la fiscal insuficiente para superar las recesiones. Luego de tres años, persisten el estancamiento y el elevado desempleo. Los hechos se han encargado de confirmar que el pleno empleo y la estabilidad cambiaria, tanto a nivel mundial como nacional, no son posibles sin una abierta intervención en el mercado cambiario.

Segundo, las ofertas y las demandas no tienden a igualarse; los sectores más dinámicos, como la industria, la agricultura y la construcción de vivienda, son limitados por la demanda efectiva, en tanto que el resto, como los servicios, la minería y la infraestructura de grandes proyectos, son limitados por la oferta; y a título de corolario, los beneficios del intercambio comercial están más en la ampliación del mercado que en las productividades relativas. Por lo demás, los estímulos financieros al capital no afectan mayormente el ahorro; y cuando éste se eleva por la vía de la represión salarial no genera la demanda que sustente la ampliación de la capacidad instalada. Así las cosas, el logro de altas tasas de crecimiento está supeditado a políticas industriales que impulsen el sector por encima del promedio, la elevación del ahorro por medios forzosos y la conformación de superávits en cuenta corriente.

La relación entre el crecimiento económico y la distribución del ingreso depende del modelo de desarrollo. El crecimiento dentro del libre mercado incrementa la rentabilidad y los precios del capital, coloca el salario por debajo de la productividad y reduce la participación del trabajo en el PIB. Aún mas grave, no genera los excedentes ni las condiciones para que la educación y el gasto público reduzcan las diferencias de remuneraciones; la privatización de los servicios básicos y los bienes públicos traslada a las empresas poderes monopólicos que se emplean para apropiarse de los recursos públicos y favorecer a los grupos altos. Basta sumar y restar para advertir que los daños ocasionados por los incentivos del mercado superan con creces los beneficios de la política social.

El gran reto es construir una estructura productiva que reduzca las diferencias de ingresos en el origen y una política social guiada por la equidad que la consolide. En términos generales, se plantea una transformación que frene la rentabilidad del capital, aumente la participación de la mano de obra en el PIB, reduzca las brechas entre los trabajadores calificados y no calificados y extirpe la informalidad, al igual que una organización pública que establezca la educación integrada, asegure la universalidad de la salud y garantice el acceso de todos los trabajadores a la pensión mínima.

Los componentes del modelo se detallan en los primeros capítulos y se reúnen y sintetizan en los dos últimos.

 

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