Por: Óscar Sevillano

Transmilenio más allá de Enrique Peñalosa

Es triste ver que por cuenta de la polarización que existe en la ciudad de Bogotá se asocie el nombre de Enrique Peñalosa con las fallas de Transmilenio y que sus habitantes no se den cuenta de que, independiente de quien sea el mandatario distrital, se debe trabajar por mejorar las condiciones lamentables en la que este se encuentra.

Hoy por hoy el medio de transporte donde masivamente se movilizan la mayoría de los habitantes en la ciudad es el sistema Transmilenio, y este no va a desaparecer del escenario, así Enrique Peñalosa sea revocado, porque más allá de quién esté en el cargo de burgomaestre, la gente en la capital seguirá movilizándose en los buses articulados.

Nada bien le ha hecho a Bogotá el ligar el nombre de Enrique Peñalosa a Transilenio. Que él haya sido la persona que instaló este sistema de transporte masivo en la capital no significa que él sea el causante de los males que este padece en la actualidad.

Los únicos responsables del deterioro del sistema Transmilenio en Bogotá son, en primer lugar, Samuel Moreno Rojas, quien como candidato a la Alcaldía Mayor de la capital se dedicó a sembrar intriga e hizo ver su propuesta de metro para la ciudad, en detrimento de los buses articulados. Ya en el cargo de burgomaestre, lo dejó deteriorar, mientras buscaba la manera robarse a la capital en compañía de su hermano y sus mejores amigos.

El segundo responsable del deterioro del sistema Transmilenio es Gustavo Petro,  a quien el cargo de alcalde mayor de Bogotá tomó por sorpresa, porque con su paso por el Palacio de Liévano quedó bastante claro que una cosa es ser un buen político y otra ser un buen administrador público.

Petro continuó la tendencia al deterioro de Transmilenio, al punto en que hoy no solo la inseguridad se tomó los buses, sino que además se volvió común que vendedores ambulantes hagan presencia en su día a día, lo mismo que las personas que piden limosnas, pero también hinchas de Millonarios y Santa Fe que hacen de las suyas al interior de las estaciones. En pocas palabras, pasaron dos administraciones en Bogotá que no se percataron de que los males que padecía el transporte público tradicional se irían al sistema de buses articulados.

Pero en todo esto hay un tercer responsable y es el ciudadano del común, quien no asume un buen comportamiento al interior de los articulados, y ha contribuido en su deterioro, no solo haciendo mal uso del sistema en estaciones y portales, sino además haciéndole pagar los platos rotos en cada protesta social que se realiza en las principales vías de Bogotá.

La administración distrital hará lo posible por adecuar la infraestructura de  Transmilenio, mejorar las frecuencias de los buses, aumentar el tamaño de la flota y adecuarla para que no contamine el medioambiente, pero si el ciudadano del común no contribuye, cualquier esfuerzo será inútil y de nada valdrán las revocatorias, porque el problema seguirá vigente, más allá de quién sea el alcalde de turno.

Al parecer en Bogotá no se ha caído en la cuenta de que Transmilenio es una realidad que tiene muchos problemas y que cualquiera que sea el mandatario  debe abordarlos y darles solución, porque estos seguirán latentes, esté o no esté Enrique Peñalosa como alcalde mayor de Bogotá.

Indiscutiblemente un metro siempre será mejor que un Transmilenio, el problema es que el primero es un proyecto que debe hacerse y que se hará, y el segundo, el transporte público donde miles de bogotanos nos hemos de trasladar de un lugar a otro al interior de la ciudad, mientras el primero se vuelve realidad, y esto no lo va a cambiar una revocatoria de mandato.

@sevillanojarami

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