Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Transmilenio, un paso en o por el aire

De nuestra persistencia y los pasos futuros que gestionemos depende que los ajustes a la licitación para los buses de Transmilenio signifiquen un paso en o por el aire.

Serán un paso en el aire si no se generan acciones complementarias. El ajuste en la licitación de Transmilenio sólo tendrá efectos positivos sobre la calidad del aire en las líneas de Transmilenio si se reemplazan los buses obsoletos y si —y sólo si— una buena parte de los nuevos buses son a gas y eléctricos. Para esto hay que hacer ajustes en tiempos de entrega y generar espacio para recarga y mantenimiento de los buses.

Debemos erradicar la posibilidad de buses nuevos Euro V, pues ya son obsoletos. Y debemos definir un puntaje escalonado a Euro VI, gas y eléctrico. Europa está migrando de Euro VI a gas y eléctricos, y ciudades chinas a eléctricos. Para buses no articulados, la oferta con motores de gas y eléctricos es muy grande. En buses articulados hay varios oferentes; en biarticulados diésel sólo hay dos oferentes, y en biarticulados de gas sólo uno. Los biarticulados eléctricos están en prueba. Se requiere un proceso de reemplazo progresivo que debe ser programado.

La presión social llevó al Concejo de Bogotá a dar el debate sobre el pliego de esta licitación. Debemos seguir presionando para que el Concejo y la administración tomen determinaciones contundentes y a corto plazo para toda la flota de buses. Los primeros que deben migrar en su totalidad a gas y eléctricos son los buses del SITP y los alimentadores de Transmilenio.

Debemos actuar y presionar más. La presión social ha demostrado que tiene efecto positivo sobre los políticos. Se ha dado un paso; debemos dar muchos más. Esto no tiene reversa y, como dice el dicho popular, “para atrás, ni para tomar impulso”. Si permitimos que por cuentas mal hechas, que no incluyen el costo social y económico de la contaminación, se siga impulsando el diésel en el transporte público, esto nos conducirá a que en diez años el porcentaje de muertes por contaminación atmosférica que hoy en Bogotá es del 10,5 % se duplique o triplique. Seguiremos subdesarrollándonos. No hay que esperar mayores desarrollos tecnológicos, ¡el cambio hay que iniciarlo ya! No podemos aceptar cuentas mal hechas que favorezcan al diésel, pues si incluimos el costo social, es el sistema más costoso. No podemos aceptar ni pensar ni oír: “al que le tocó morir por contaminación, le tocó”. La tecnología está cambiando y los costos de buses a gas y eléctricos están disminuyendo; esto debe ser considerado en la actual licitación.

Mejorar la calidad del aire requiere determinación y múltiples estrategias. La administración debe dar claras señales de que vamos hacia un transporte público eléctrico y comprometer recursos adicionales para crear la infraestructura necesaria. Ya Bancoldex dio una señal al sistema financiero al anunciar que no financiará buses diésel para Bogotá. Quizás ahora sea necesaria una acción de tutela que, invocando el derecho fundamental a la vida y a un ambiente sano, presione para que sean las cortes quienes impidan al alcalde que se siga contaminando el aire y afectando la salud pública con buses diésel.

 

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