Por: Óscar Sevillano

Transmilenio y la izquierda en Bogotá

Fue una verdadera sorpresa que el procurador general de la Nación y un juez de la república entraran en la campaña política por la Alcaldía de Bogotá, utilizando a Transmilenio como la excusa perfecta.

Qué otra cosa puede uno pensar cuando arranca la campaña y la justicia ordena suspender la licitación, a pocos días de que esta se adjudicara para así dar inicio a una obra que hoy suma doce años de discusiones políticas que no han permitido hacerla realidad.

El Transmilenio por la carrera Séptima no se hace con el ánimo de que la gente pudiente de Bogotá que vive sobre los cerros orientales se unte de pueblo. Sorprende que la Procuraduría no lo sepa y resulte ahora llamando la atención por presuntas fallas en la armonización de estudios y diseños del plan parcial El Pedregal, ubicado en la Séptima con 100.

Dice el órgano de control que “no se tiene certeza acerca de la armonización entre las obras a ejecutar con las que se está contratando y que al no ser clara la armonización que debió darse desde un comienzo, podría conllevar demoras en la construcción de la troncal, obras adicionales y un posible detrimento al patrimonio público”. Sin embargo, lo que no dijo la Procuraduría es por cuánto tiempo más planea retardar el inicio de la construcción y a favor de quién juega su decisión.

Para nadie es un secreto que la izquierda en Bogotá no gusta de Transmilenio, no porque no sea beneficioso para la ciudad, sino porque defenderlo le haría perder votos.

Es increíble que al egoísmo de la izquierda en Bogotá se una la justicia y le haga el juego a un sector que, engañando a miles de ciudadanos, promete condenar a la ciudad sabe Dios por cuánto tiempo más a la parálisis urbana y poco le importe la gente que no ve satisfecha la necesidad de movilizarse en un menor tiempo por esta vía.

Doce años tratando de darle inicio a una obra demuestra el poco amor que tienen algunos políticos por Bogotá, los mismos que salen ante las cámaras y micrófonos de los medios de comunicación rasgándose las vestiduras porque la construcción de un metro ha tomado 50 años de discusión, pero no dicen que gracias a ellos la capital cumple una docena de años tratando de dar inicio a la construcción del Transmilenio por la Séptima.

Este proyecto se viene discutiendo desde el año 2007; sin embargo, la mezquindad y la improvisación de las administraciones de Samuel Moreno y Gustavo Petro lo retrasaron, y estoy seguro de que si la izquierda retorna a la Alcaldía de Bogotá, una vez más será engavetado y no desarrollarán ninguna alternativa de movilidad para esta avenida, porque no la tienen pensada, y aunque la tuvieran, esta no vería su feliz ejecución ni en el corto ni en el mediano plazo.

Su única preocupación es la búsqueda de votos y es triste ver que la carrera por ganar simpatizantes la hagan destruyendo moralmente el único sistema de transporte masivo que hoy tiene Bogotá, pero no se les escucha mencionar ni una sola propuesta encaminada a solucionar los problemas que tiene Transmilenio por la congestión que enfrenta al tener que movilizar la mayor parte de ciudadanos que utilizan el transporte masivo en la capital.

Por supuesto que siempre será mejor un metro, pero mientras este se construye se debe apostar para que Transmilenio, que es la realidad de la Bogotá de hoy, cuente con las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan utilizarlo para movilizarse.

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Transmilenio y la izquierda en Bogotá

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