Por: Óscar Sevillano

TransMilenio y las protestas universitarias

No se puede desconocer que Colombia ha descuidado la universidad pública, que es poca la inversión y el interés que se les presta, al punto en que su infraestructura, que es lo mínimo que se debe garantizar, hoy día es completamente paupérrima.

Es claro que debe existir gran inconformidad en los estudiantes que acuden todos los días a las aulas de las diferentes universidades del país de carácter público, con la aspiración de obtener un título profesional. Por tanto, es normal y más que justo que se manifiesten a través de las marchas en vías y avenidas de la ciudad en donde se encuentren, en este caso Bogotá.

Sin embargo, lo que no se puede aceptar es que en medio de la protesta se destruya lo poco que se ha ganado en infraestructura urbana, por cuenta de los hechos que suelen protagonizar los saboteadores de oficio que se mezclan en las marchas, no solo para rayar las paredes con grafitis, sino además destruyendo las estaciones del Transmilenio y en ocasiones también los mismos buses articulados, sin importarles si pueden causar daño alguno a los pasajeros que se encuentran al interior de estos.

No es posible que una causa legítima, como es la exigencia al Estado para que realice las inversiones que la universidad pública en Colombia necesita para garantizar un excelente nivel de calidad en la educación pública, se vea opacada por cuenta de unos cuantos jóvenes saboteadores de oficio, estudiantes de profesión que creen que la única manera de hacerse sentir y respetar es destruyendo la ciudad, perjudicando de paso con sus malas acciones a quienes no tenemos la culpa del poco interés que desde el Gobierno Nacional se les presta a los centros de formación profesional.

Comparto los mismos interrogantes que planteó el también columnista Fernando Mendoza en el portal de periodismo Correo Confidencial: ¿es esta la manera de manifestar la inconformidad con el sistema de educación superior público en Colombia?; ¿tiene algo que ver el Transmilenio con la falta de inversión en las universidades públicas?; ¿es por culpa de los buses articulados que existe desinterés de parte del Gobierno Nacional para mejorar la calidad en la educación superior de carácter público en Colombia?

Entiendo que existan molestias en la ciudadanía por las fallas que presenta el Transmilenio en su infraestructura,  demoras en las frecuencias, contaminación del medioambiente por efecto del diesel que consume, etc., ¿pero es esta la razón para destruirle en cada marcha que se hace en Bogotá, mucho más cuando nada tiene que ver la razón de la protesta con los problemas de movilidad en capital del país? ¿Harán lo mismo cuando se construya el metro?

Si en Bogotá los ciudadanos seguimos actuando de esa manera, jamás llegaremos a ser ejemplo en cultura ciudadana y buen trato con el entorno, porque lo único que estamos demostrando con estos actos es que poco nos importa la ciudad en la que habitamos.

Tampoco me resulta razonable ese silencio cómplice de las directivas universitarias cuando en cada marcha que se realiza en la ciudad estudiantes de los mismos centros causan males no solo en el sistema Transmilenio, sino en la propiedad privada.  Lo anterior me plantea los siguientes interrogantes: ¿se lleva a cabo algún tipo de investigación al interior del centro académico para determinar quiénes son los que a nombre de la universidad, llámese Nacional, Distrital o Pedagógica, realizan acciones vandálicas?; si es así, ¿cuáles son sus resultados y que acciones se han tomado al respecto?

Las universidades son por esencia un centro de formación profesional, no es posible que se permita que al interior de estas exista complacencia con unos cuantos saboteadores, que no les interesa el progreso, sino que vaya uno a saber si a nombre de un movimiento anarquista, como esos tanto que existen al interior de estos centros, algunos donde se reclutan jóvenes para difundir el pensamiento de grupos ilegales de izquierda como bien lo demostró la exministra Gina Parody en sus tiempos de senadora, en un video donde denunció la presencia de militantes de una célula urbana del Eln, que se encontraba en un acto público que en su momento realizó el entonces rector de la Universidad Distrital, Carlos Ossa Escobar—, se dedican a crear caos porque creen que con eso reivindican su “supuesta lucha por una sociedad más justa”.

Qué lástima que la denuncia de Gina se haya quedado en eso, en una simple excusa  que solo le  sirvió para posar en las cámaras y micrófonos, pero no para buscar solución de fondo a las universidades, no solo que permita una adecuada inversión, sino que además busque establecer quiénes son estas personas que solo causan males y le crean mala fama a estos centros de formación profesional, con acciones vandálicas que no construyen sociedad, sino que, por el contrario, destruyen los lazos comunitarios y de paso generan pánico entre los habitantes.

Claro, y no faltan los políticos instigadores como Hollman Morris y Gustavo Petro, que mediante trinos se dedican a incendiar los ánimos en lugar de ayudar a calmarlos y llamar a un diálogo civilizado, que evite destruir la poca infraestructura del Transmilenio que dejaron,  mientras estuvieron al frente de la Administración Distrital.

@sevillanojarami

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