Por: Elisabeth Ungar Bleier

Transparencia y anticorrupción en el Plan Nacional de Desarrollo

Una de las estrategias transversales del “Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018: Todos por un nuevo país” es el Buen Gobierno.

A partir de una lectura preliminar del capítulo en el que se desarrollan la visión y objetivos de esta estrategia, es pertinente plantear una serie de interrogantes y observaciones. El propósito es que en el curso de los debates que seguramente se van a dar en el proceso de su discusión y aprobación en el Congreso de la República se pueda contribuir a afinar los planteamientos y propuestas que en él se exponen, con el fin de que se cumplan los objetivos que se buscan.

En primer lugar, en el Plan no se evidencia con suficiente claridad y contundencia la transversalidad y articulación de los temas de transparencia, anticorrupción y participación ciudadana con las otras cuatro estrategias. A lo largo del texto, estos están dispersos, en ocasiones apenas se mencionan, y en algunos casos se hace de manera tangencial. Concretamente en el capítulo sobre buen gobierno, se enumera una multiplicidad de metas, acciones e indicadores, pero como ya se indicó, no van acompañados de un planteamiento estratégico.

La lucha contra la corrupción, por la transparencia y la integridad debe ser un hilo conductor y un objetivo explícito para garantizar el cumplimiento de muchas de las metas del Gobierno para este cuatrienio. En especial, para que la paz, la equidad y la educación, los tres pilares del Plan, se fortalezcan y se materialicen en resultados visibles y contundentes. Además, para que se fortalezca la legitimidad y la credibilidad de los ciudadanos en las instituciones encargadas de implementarlo, es esencial recuperar la confianza de éstos en el Estado y en sus gobernantes. Es decir, que la gestión del Estado no solo sea más eficaz y eficiente, sino que sea transparente, respete y promueva la participación ciudadana y el control social efectivo y garantice el goce efectivo de los derechos.

En segundo lugar, si bien en el texto se menciona reiteradamente el enfoque regional, sobresale la mirada desde lo nacional, desde el centro. El fortalecimiento de la gestión territorial debe pensarse y construirse desde lo local y con las regiones, y las acciones para luchar contra la corrupción deben tener en cuenta esas realidades. En particular las de los territorios más golpeados por el conflicto armado y donde la presencia estatal ha sido débil.

Y en tercer lugar, un eslabón muy importante para mejorar la gobernabilidad y la gobernanza es el fortalecimiento del sistema político y el sistema electoral. El Plan refiere unas acciones puntuales relacionadas con este objetivo, algunas de ellas relevantes como el voto electrónico o robustecer la Unidad de Recepción Inmediata para la Transparencia Electoral —URIEL—, pero nuevamente no hay una apuesta estratégica para depurar el ejercicio de la política y garantizar la participación electoral, lo cual es particularmente importante en el contexto de las elecciones regionales de octubre de este año.

¿Estaremos aún a tiempo para que los temas de transparencia y anticorrupción ocupen en el Plan Nacional de Desarrollo el lugar estratégico que se requiere para la construcción de paz y lograr un país con mayor equidad?

 

 

 

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