Por: Columnista invitado

¿Traspié del oficialismo?

Sin sondeos resulta difícil hacer un diagnóstico sobre triunfo chavista en las urnas.

En Venezuela como en el resto del continente hizo carrera el rumor de una victoria aplastante del oficialismo, que al final se restringió a una apretada ventaja, como pocas veces se ha visto en los últimos años en la región (tal vez en Estados Unidos en 2000 y en México en 2006).

¿Qué pudo haber causado una victoria tan amarga para el recién elegido Nicolás Maduro? En primer lugar, una oposición por primera vez unida en mucho tiempo. En las elecciones de 1998, 2000, 2006 y 2012 cuando Chávez enfrentó a figuras débiles como Henrique Salas, Francisco Arias Cárdenas, Manuel Rosales y el Henrique Capriles de hace unos meses, su retórica y capacidad fueron suficientes. Esta vez, Capriles proyectó cohesión por encima de los intereses partidistas de quienes apoyaron su candidatura.

En segundo lugar, es evidente que el chavismo necesita una revisión profunda. Incluso, algunos dirigentes como Diosdado Cabello, cuya importancia en el PSUV es indiscutible, reconocen la urgencia de una reflexión sobre el camino a seguir ante la ausencia de Hugo Chávez. En momentos de crisis o cuando la legitimidad estaba en entredicho, Chávez había hecho prueba de una gestión efectiva de la cual podría carecer el presente chavista. Los errores en el manejo de temas como la seguridad ciudadana, la corrupción rampante y especialmente la virulencia en el discurso hicieron que la oposición ganara puntos adentro y afuera de Venezuela.

Y tercero, la ausencia de debate político afectó más al chavismo que a la oposición. Para la última era fundamental llevar la polarización política a los insultos y no a la discusión de temas de fondo, donde el oficialismo fácilmente podía ufanarse de sus conquistas, que han sido en todas las elecciones argumentos irrefutables de millones. En el pasado reciente, la figura de Chávez era suficiente para no abordar el debate político, pero su ausencia obligaba a encarar una discusión de fondo con una oposición sin un verdadero plan de gobierno, al menos para esta estructura de estado, hecha a la medida del socialismo del siglo XXI. Tan es así, que el mismo Capriles reconoció la necesidad de mantener los programas de inversión social emprendidos por su enconado rival.

Con este panorama enfrente, la gobernabilidad de Nicolás Maduro se reduce, y dicho sea de paso, un margen amplio le había permitido a su antecesor las grandes reformas al sistema venezolano. Era tal la gobernabilidad de Chávez que llegó a tener una asamblea nacional (órgano legislativo) casi que 100% a su favor, cuando la oposición boicoteó dichos comicios. El escenario contrasta con la actualidad del primer mandatario, que aún tiene a su favor una mayoría absoluta en la Asamblea, una hegemonía casi total de gobernaciones y por supuesto, el resultado de estas elecciones. No obstante, deberá enfrentar a una oposición empoderada sin o con justa causa, como Chávez nunca debió hacerlo. Por primera vez, el chavismo enfrenta un enemigo de su estatura política.

 *Mauricio Jaramillo

 

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