Por: Don Popo

A través del cristal

Cogí un trapo, agua con jabón y un limpiavidrios, y me paré a limpiar las ventanas de los carros en el semáforo. Una experiencia reveladora…

Todo oficio, por más simple que parezca, tiene su técnica, su táctica, su método para ser más efectivo y productivo. Cosa que ya sabía, pero recordé después del desastre que causé con el primer carro y por el que me gané unos “madrazos”. De un carro blindado me sacaron una pistola. Lluvia, sol, contaminación, mezclados con el desprecio e indiferencia, es lo que se vive a lo largo de 12 horas para recoger $30.000.

Un chico que entrevisté me dijo que hacía ese trabajo hace siete años, y tenía 17. Pero cómo no, si para el DANE la proyección para salir de la pobreza es ganarse $9.000 al día, cualquier cosa es mejor.

Y agresividad, tensión, estrés, rabia, frustración, tristeza, zozobra era lo que observaba en el trasfondo del cristal. Y viendo en sus ojos, recordé las veces que he estado sentado ahí con la cabeza embotada y el corazón agitado. Y me angustié por la salud emocional y mental de los carro-habientes.

Dato curioso: notar que la gente no se sorprendía al verme en este rol, como sí sucede cuando estoy en el rol de ejecutivo... ¡Cosa triste!

Hace unas semanas empecé este ejercicio, lo tenía en deuda conmigo mismo desde hace un par de años: emplazarme en la vida de otros, para saber cómo es su mundo, qué sienten, cómo viven, por qué toman ciertas decisiones; pero también estar en cuerpo ajeno para verme a través de sus ojos y descubrir más de cómo soy.

Empecé limpiando las ventanas de los carros en el semáforo por una hora, seguí vendiendo tintos en la Plaza de Bolívar, trabajando en la construcción, cantando en los buses, cuidando niños de las madres comunitarias. Y voy continuar manejando taxi y siendo vigilante por una noche, recogiendo café, cortando caña, en una mina de carbón, limpiando calles y más.

De pronto, si todos practicáramos ese ejercicio, podríamos ampliar nuestra percepción de la realidad, relativizar la verdad. Podría hacernos menos yo y más para otros, más nosotros. ¡Ponernos en los zapatos de similares es imaginable!, ¿pero cómo ser empático con vidas inimaginables?

Efectivamente, hace un par de años participé en un ejercicio para la planeación de la ciudad, “Bogotá 2025”, en el que se reunieron personas de diferentes perfiles y sectores: empresarios, funcionarios, víctimas del conflicto, excombatientes, recicladores, artistas, jóvenes, adultos mayores, entre otros. Un espacio para converger desde la divergencia, para emerger.

Fue muy enriquecedor enterarme sobre cómo cada quien, desde su espacio, aporta a la construcción de esta sociedad; me causó simpatía, empatía y la ambición por practicar la otredad. Ver, a través de las lágrimas, el recuerdo del horror y el dolor de aquellos que fueron víctimas del Nogal, y de secuestros, y de los victimarios que también eran víctimas… ampliar el entendimiento, y saber que no hay verdades absolutas, ni competencia en el dolor…

Sé que haciendo estos ejercicios nunca lograré comprender y vivir todas las dimensiones de las vidas de nuestros semejantes, pues son tan particularmente complejas, múltiples y únicas que me costaría dejar de vivir la propia... pero son pasos para la construcción de esta nueva sociedad.

Practícalo… ve a través del cristal. ¡Te juro que te sentirás mejor!

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