Treinta años del gobierno Gaviria

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El próximo 7 de agosto se conmemoran 30 años del comienzo de la administración de César Gaviria, uno de los gobiernos más reformistas del siglo XX.

Gaviria llegó a la Presidencia a los 43 años, en un período de aguda violencia por cuenta de los carteles de la droga y de la guerrilla, un terror dramáticamente ilustrado por su campaña presidencial, en la que fueron asesinados tres candidatos, incluyendo el de su propio partido: Luis Carlos Galán. Al tiempo que combatió ferozmente a los carteles de la droga y a las Farc, y logró acuerdos de desmovilización con varios grupos alzados en armas, asesorado por un “kínder” de excelentes colaboradores, Gaviria vio la ocasión para introducir profundas transformaciones al Estado y a la economía. Su gran realización fue reemplazar la Constitución de 1886 por la de 1991, que consagró la carta de derechos, la independencia del Banco de la República, la creación de la Corte Constitucional, la descentralización administrativa, la tutela, la regulación de los estados de excepción y varios mecanismos de democracia participativa, entre otras reformas.

En la economía, Gaviria comenzó a desmontar una larga tradición de capitalismo mercantil y oligárquico, con medidas que incluyeron la eliminación de los llamados redescuentos, una práctica del Banco de la República de otorgar créditos directos a empresas escogidas a dedo; la autorización a la inversión extranjera directa de radicarse en el país; la activación de una moderada apertura de la economía y la flotación del tipo de cambio, con la eliminación del famoso Decreto 444 de 1967. Estas reformas recibieron el tajante rechazo de sectores contestatarios, en particular la apertura de la economía, que fue muy duramente opuesta, en especial por un sector que durante años se favoreció por el cierre de la economía formal y por la apertura de la economía ilegal, que había florecido al amparo de las exportaciones del narcotráfico y había inundado el país de contrabando a través de los llamados Sanandresitos.

Entre sus numerosas reformas normativas sobresalen las leyes 142 y 143 de 1994, que acabaron con el monopolio del Estado en los servicios públicos domiciliarios y en el sector eléctrico, lo que hasta entonces se reflejó en bajísima cobertura, inviabilidad financiera y pésima calidad de los servicios, además del clientelismo, la politiquería y la rampante corrupción en empresas públicas. Como resultado, se dio una gigantesca inversión privada, que modernizó la infraestructura existente, amplió la cobertura, mejoró la calidad de los servicios públicos e introdujo los subsidios cruzados, una de las medidas redistributivas de mayor alcance jamás implementadas.

Por su parte, la Ley 100 de 1993 produjo una revolución de la seguridad social, que, en el caso de la salud, ha alcanzado hoy en día una cobertura prácticamente universal, pero, infortunadamente, en riesgos laborales, de invalidez, vejez y muerte dicha cobertura ha sido más reducida por la enorme informalidad laboral y porque los componentes públicos de dichos sistemas han mantenido esquemas de subsidios escandalosamente regresivos. Otros programas de muy alto impacto fueron el Sisbén, la expansión del gas domiciliario, la introducción de la telefonía celular y el programa de becas de Colfuturo. Pese a que, 30 años después, no hemos resuelto serios problemas estructurales y a que varias de sus reformas han sido revertidas, no puede caber la menor duda de que nuestro país es mucho mejor gracias a las políticas adoptadas por la administración de César Gaviria.

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