Por: Hugo Sabogal

Tremor en las viñas

Una de las áreas más devastadas del país austral es la centro-sur, corazón de la actividad vitivinícola

Hace una semana, me encontré en Mendoza con José Manuel Ortega Fournier, presidente de la bodega internacional O´Fournier, que ha desarrollado interesantes proyectos en Argentina (Valle de Uco), España (Ribera del Duero) y Chile (valles de San Antonio y Maule).

Ex banquero del Santander Investment, Ortega se ha convertido en una de las voces más representativas de la vitivinicultura del Nuevo Mundo y sus vinos no han pasado inadvertidos entre los grandes críticos regionales y mundiales. El tema de conversación fue su proyecto en Chile, que, en poco tiempo, le ha traído muchas satisfacciones. Su Centauri Sauvignon Blanc 2007 fue recientemente elegido el mejor vino blanco de ese país, y eso que se trataba de la primera cosecha.

Le deseé buena suerte con la inminente vendimia, y nos despedimos. Volví a pensar en Ortega el sábado por la mañana cuando los noticieros de televisión comenzaban a reseñar la magnitud del terremoto que generó devastación y muerte en varias regiones de la nación suramericana. Una de las más afectadas fue el Valle de Maule, donde Ortega produce algunos de sus vinos. Nos volvimos a conectar el día 1° de marzo, cuando me escribió un correo en estos términos: “Estoy en el Maule e impresiona. El epicentro se registró a 100 kilómetros de nuestras operaciones [en esta región]. Toda nuestra gente está bien, gracias a Dios. Pero el desafío ahora es enorme, pues estábamos a punto de comenzar la vendimia”.

En efecto, la uva madura no da espera, y una cantidad importante de viñas chilenas no podrán recogerla, pues sus instalaciones se han visto seriamente perjudicadas con el sismo. Peor aún, se calcula que el 70% de las bodegas chilenas operan desde las áreas más afectadas por el fenómeno natural como Cachapoal, Colchagua, Curicó y Maule.

 Y cuando le pregunté a Ortega por el futuro inmediato, me dijo: “va a ser un año especial; va a ser un gran año con vinos puros. Es la respuesta de la viña y el hombre a los elementos. La tierra nos ha echado un pulso, y lo vamos a ganar”.

Si bien es cierto que OFournier salió relativamente bien librada, la historia no es así para otros actores de la industria, incluida la poderosa Viña Concha y Toro. En un dramático comunicado, Concha y Toro reconoció que el área más devastada era el centro-sur del país, corazón de la actividad vitivinícola. “Hemos podido constatar graves daños en algunas de nuestras principales bodegas, ubicadas en la zona de mayor impacto... incluyendo importantes pérdidas de vino y de capacidad productiva”. Concha y Toro suspendió su producción y despachos por una semana, un hecho grave, pues Concha y Toro responde por cerca del 50% de las exportaciones de vino chilenas, con ventas de más de 600 millones de dólares anuales.

Y a medida que avanzan los días, el balance se ha tornado más agrio. Se calcula que las pérdidas para el sector vitivinícola superan los 250 millones de dólares. Esto se traduce en la pérdida de 125 millones de litros, es decir, unas 14 millones de cajas de 12 botellas (piense que Colombia importa, anualmente, algo más de 1 millón de cajas provenientes de todos los países productores del mundo). Dicha cifra equivale al 12% de la producción chilena anual.

Otras marcas reconocidas que sintieron el remezón, según lo ha recogido James Molesworth, de la revista Wine Spectator, incluyen a los nombres más calientes de la industria. La Viña Santa Rita, por ejemplo, calcula su merma en ocho millones de litros, un millon de los cuales corresponde a vino destinado a marcas de medio y alto rango, entre ellas 120. Viña Montes, el diamante de la corona en el Valle de Colchagua, sufrió una baja del 20% de sus líneas de lujo como Montes Alpha M, Montes Folly y Purple Angel. Incluso, las pérdidas fueron más sustanciales para la selección de vinos Alpha Classic, que perdió el 40% de sus existencias en bodega.

También sufrieron un fuerte embate bodegas como Miguel Torres y Viña Santa Carolina, con pérdidas de 100.000 y 200.000 litros respectivamente. Por su parte, Viña MontGras registró graves daños en el cinco por ciento de sus cubas de acero inolxidable y en el 10 % de su parque de barricas de roble. Por su lado, Viña Viu Manent experimentó una pérdida de alrededor de 15% de su inventario.

Algunos viñateros que recorrieron la zona, como el enólogo Sven Bruchfeld, informaron que olía a vino en muchas de las carreteras de la región. “Hay muchos tanques rotos, edificios destruídos, barricas y vidrio por todas partes", dijo. Pero además de los daños en plantas, también se ha dado cuenta del colapso de varias casonas coloniales, que las bodegas utilizaban para recibir clientes e invitados.

Con la inminencia de la cosecha a la vuelta de la esquina, el panorama para muchas empresas es preocupante. Por esta época, el movimiento de cosechadores suele ser grande, pero los daños en las vías y las tragedias sufridas por miles de familias tienen en entredicho la recolección de la uva. Según Cinzano, muchos recolectores están dedicados a solucionar sus problemas de vivienda y a recuperar las pocas pertenencias que aún les quedan.

Estoy seguro de que Chile no se dejará doblegar por los efectos de esta desventura y regresará al mercado del vino con una actitud fortalecida y renovada. Es de anotar que, casí sin excepción, todos los negocios del vino poseen pólizas de seguros que les garantizan un piso firme para reparar los daños y recuperar su capacidad operativa.

Como consumidores, debemos solidarizarnos con ese país y, por lo tanto, invito a pedir vino chileno en los restaurantes y a echar en el carro de compras una o dos botellas con esa denominación de origen. Esta sería una señal de aprecio por el país hermano y sus vinos, que tanto nos han deleitado.

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