Por: Gonzalo Silva Rivas

Tren de la paz

En la recta final de la campaña presidencial se hace evidente la ausencia de propuestas puntuales de los candidatos sobre algunos ejes temáticos de importancia nacional.

 Varios asuntos pasaron de agache durante la sobresaltada contienda electoral, caracterizada más por las polémicas que por los programas.

Sobre el turismo, por ejemplo, poca o ninguna luz se le ha dado al país sobre lo que será la gestión de quien se quede o llegue a la jefatura del Estado, pese a ser esta la tercera actividad generadora de divisas, después del petróleo y los derivados del carbón. Sus portales de prensa no reseñan palabras sobre el tema y en consecuencia el sector dispone de pocos elementos de análisis para tomar una decisión que mire hacia su orilla.

Si bien es cierto que el turismo colombiano ha tenido un alentador crecimiento en la última década y que las dos más recientes administraciones dedicaron esfuerzos para mejorar la calidad del producto y la promoción internacional, lo que se percibe de esta campaña es que la industria mantiene un tratamiento secundario dentro de las agendas políticas, con repercusiones directas a la hora de ejecutar los planes de gobierno.

Mientras prevalezcan las limitaciones institucionales y estructurales, y persista la carencia de estrategias públicas, insuficiencia de recursos y una baja atención oficial, la apuesta por el turismo será lánguida, y pobres sus augurios como surtidor de beneficios sociales. Una industria tan generosa, que el año pasado le dejó al país alrededor de US$3.7 millones en divisas, solo podrá sentar bases para crear una infraestructura competitiva y diversificar la oferta, si se le incorpora como prioridad nacional y se abordan con decisión y rapidez los problemas que retrasan su desarrollo.

El expresidente Álvaro Uribe, mentor del candidato Zuluaga, sacó al país del ostracismo turístico y caminó hacia el fortalecimiento hotelero con la concesión de incentivos tributarios para la construcción, remodelación y ampliación de la infraestructura habitacional del sector; y su sucesor, el presidente Santos, consolidó valiosos logros en materia de inversión, promoción, formalización y conectividad aérea. Tales conquistas, no obstante mejorar las perspectivas de la industria, están lejos de sacar el producido en un país de ubicación estratégica, colmado de atractivos históricos, naturales y urbanos.

A falta de propuestas turísticas habrá que valorar entonces las posturas de los candidatos en torno a una rápida reconciliación, motor de muchos de los cambios que requiere el país, y decidir por la que encaje con las urgencias de una sociedad que debe reconciliarse con la vida y la esperanza. El turismo esta obligado a subirse en el tren de la paz.

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