Por: Cartas de los lectores

Tres cartas de los lectores

Sobre otra carta

Me llamó poderosamente la atención el comentario de hoy (ayer) “NO = Resistencia rentista”, hecho por Bernardo Congote. Respetable lo que dice Congote, pero compartible nunca.

Votar el Sí, sin lugar a dudas, afianzará enormemente ese imperio “narcotraficante” que manejan las Farc, quienes son considerados el mayor grupo del mundo dedicado a esa actividad criminal y el segundo grupo terrorista más rico del planeta, es decir, RENTABILIDAD gigantesca con cero resistencia civil.

Votar el No, señor Bernardo Congote, con absoluta seguridad mermará ostensiblemente la rentabilidad de sus defendidos. Escúchese y léase bien… Votar el No.

Iglesia católica y paz

Las acciones de la Iglesia católica en favor de la paz en nuestro país le hacen creer a uno que de verdad ha cambiado sus políticas de exclusión y desprecio contra diversos sectores sociales que no cumplen con sus parámetros morales, políticos, económicos y de poder; pero no, la Iglesia no ha cambiado, sólo que ahora enfila baterías contra las personas que no encajan dentro de sus esquemas y teorías sobre la sexualidad y la identidad de género sin responsabilidad alguna por la violencia que va a generar contra estas personas, igual que lo que ocurrió en Colombia cuando desde los púlpitos los curas alentaban la eliminación y la violencia contra liberales y librepensadores porque eran ateos. ¿Van a empezar ahora los obispos, monseñores y curas a azuzar a la plebe fanática farisea e hipócrita a perseguir a la comunidad LGBTI?

La demolición del Bronx

No era precisamente el muro de Berlín. Pero esa primera casa que tumbó ayer el alcalde Peñalosa en el Bronx sí puso fin a la existencia de un gueto que por años fue considerado como la olla más grande del país, donde se cometían toda clase de crímenes y vejámenes y que amenazan con revivir.

Se trató de un acto simbólico con el cual se demostró que lo vedado del Bronx era sólo un mito que alimentaron las pasadas administraciones y la Fuerza Pública que se convirtieron en cómplices de una república independiente del crimen que creció y maduró en pleno corazón de Bogotá.

Y todo aconteció ante la mirada impotente e insegura de los bogotanos que día a día veíamos cómo aumentaba la inseguridad en el centro de la ciudad para engrosar los bolsillos de los traficantes de drogas y de almas que como dioses gobernaban en ese reinado de terror.

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