Por: Cartas de los lectores

Tres cartas de los lectores

Calzones abajo

No sobra insistir en ello: el uribismo tiene más votos en los medios de comunicación que en las urnas. La derrota sufrida en la elección atípica de alcalde en Yopal (Casanare), a manos de la coalición Verde-Polo, es otro episodio político más al que se le deben sumar sus reiteradas votaciones minoritarias desde el año 2010. Tampoco sobra insistir, por tanto, en que la capacidad vociferante del uribismo es mucho mayor que la que posee para convencer a los electores al momento de votar a su favor. Al final, existe la posibilidad de que el rating que les otorga el uribismo a los medios de comunicación puede estar generando perversos costos sociales negativos. Con otras palabras, el rating mediático estaría privatizando los beneficios del uribismo vociferante, pero socializando las pérdidas al estimular la difusión de esta degradante forma de hacer política.

Bernardo Congote.

 

El verdadero castrochavismo

Los enemigos de la paz han sustentado su posición en varios argumentos, uno de los cuales consiste en afirmar que con el Acuerdo de Paz y su implementación se les está entregando el país a las Farc, hecho que derivará sin duda alguna en la implantación de un régimen “castrochavista” en el país; pero resulta que no, no es el Acuerdo de Paz el que puede provocar tal esperpento, es ni más ni menos el ejercicio activo de la política por parte de algunos servidores de la Rama Judicial, que a través de sentencias prohíben a los contradictores políticos de Cambio Radical y del candidato Germán Vargas Lleras hacer uso legítimo de su derecho a la contradicción, a la opinión y ha adelantar su campaña. Eso sí “castrochavismo”, porque significa ni más ni menos el quebrantamiento de la separación de poderes, la Rama Judicial aprovechando sus funciones para defender a un partido político y su candidato e incidir en las elecciones.

M. Cristina Quiroga. Cali.

 

El problema del feminismo

Hay una reacción injusta que cualquier discurso feminista debe sobrellevar, sin importar cómo se exprese. Se trata de quienes buscan cualquier motivo para acusarlo de incoherente o de estar en choque con otra corriente feminista. Es esos que, cuando se critica el acoso laboral, dicen que entonces viene una dictadura feminista. Eso es dañino, no sólo por irracional, sino porque cierra el debate. ¿Por qué no podemos conversar sin buscar cualquier razón para descalificar a la mujer que alza la voz?

María Niño.

 

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