Por: Cartas de los lectores

Tres cartas de los lectores

Sobre la tutela y la censura

 

Así como la tutela debería ser excepcional, también nuestros dirigentes políticos, en especial aquellos que aspiran a la Presidencia de la República, deberían pensar antes de “opinar”. Pasa por alto el editorial, “La opinión entutelada” (El Espectador, 26/11/17) cuánto demora en Colombia el trámite de una denuncia por injuria y calumnia. Por eso, se justifica el uso de la tutela para evitar un perjuicio irremediable ante aseveraciones de una figura pública en escenarios de audición nacional como el Congreso y los grandes medios.

Juan Carlos Marchena Otero.

 

Sobre la tutela y la censura II

Completamente de acuerdo con el editorial. Ahora las opiniones personales tendrán que ser avaladas por la Corte. ¿Para qué tenemos congresistas si no pueden expresar su sentir? Si así la CSJ calla a una congresista, que es la persona elegida por nosotros para que nos represente y opine libremente, ¿qué puede esperar uno como ciudadano del común? La CSJ nos está cortando de tajo ese derecho.

A. Rancas.

 

Pelear ahora

Benedetti afirma en uno de sus poemas que “la muerte mata y escucha, la vida viene después. La unidad que sirve es la que nos une en la lucha”. El cierre del Conflicto Armado en Colombia, en efecto, es el fiel esbozo de ello. Los guerrilleros, a quienes desde la ciudad nos han pintado erróneamente como seres inhumanos, son tan humanos como nosotros. Al igual que nosotros ellos sienten, bailan, ríen, lloran, sufren y recuerdan la guerra con tanto dolor y desprecio como lo hacemos todos los colombianos.

Somos hermanos y en nuestra sangre corre la misma historia, sólo que ellos tuvieron que verla desde otro visor. La esencia que los recubre a ellos no es el odio y tampoco la indiferencia, es el sentimiento de otredad, perdón y reconciliación. Resulta irónico, incluso paradójico, que algunos de los que han criticado el proceso de paz sean, en su mayoría, personas que no tuvieron que sufrir la violencia de frente. Claro, a todos nos duelen las víctimas que dejó un enfrentamiento que duró más de 50 años, pero eso no nos quita el anhelo de alcanzar por fin la paz, así como tampoco se lo quita a los millones de damnificados. Debemos pensar en seguir construyendo juntos un nuevo camino para ustedes, los hijos de la guerra pero también de la paz. No hay que olvidar que para gozar el mañana, hay que pelear el ahora.

Laura Vanessa Becerra González. Bogotá.

 

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