Por: Cartas de los lectores

Tres cartas sobre el trabajo sexual

Sobre el trabajo sexual

En principio estoy de acuerdo en que la prostitución es un oficio como cualquier otro. La forma como se llega a él es lo que puede constituir un problema para los derechos de hombres y mujeres que lo ejercen. Es como las fuerzas militares: a pesar de la dureza y riesgo que implica su ejercicio, usted puede decidir libremente ejercerlo o puede ser reclutado de manera forzosa en contra de su voluntad. La segunda práctica debe combatirse, pero no la primera. Y eso no tiene nada que ver con lo que piense una persona en particular sobre la existencia de una labor como esa.

Javier Moncayo.

Sobre el trabajo sexual II

No soy partidaria de las multas en la prostitución, porque sería mucho peor el problema y se haría mucho daño a quienes la practican. Esa no es una forma inteligente de solucionar el problema.

Helena Cano.

Sobre el trabajo sexual III

Irresponsable, por decir lo menos, la posición editorial del periódico en contra del proyecto de ley propuesto por la representante, Clara Rojas.

Si bien en un mundo ideal las mujeres tendrían la libertad de hacer lo que se les antoje con sus cuerpos y, por ende, el trabajo sexual sería un oficio como tantos otros, la realidad es muy distante.

Si uno se sienta a observar los motivos esgrimidos por las trabajadoras sexuales, incluso aquellas que se sienten empoderadas por su posición laboral, todas explican que llegaron a ese tema por motivos económicos. Es decir, no hay una elección libre que media esa situación: todas lo hacen porque están sometidas a la desigualdad discriminadora que hace que las mujeres tengan muchas más dificultades que los hombres al momento de obtener ingresos y encontrar alternativas laborales.

Por lo anterior, hay que ser clara: en ningún momento es libre la mujer que se ve en la necesidad de “vender” o, bueno, “alquilar” su cuerpo. Por eso, volviendo al mundo ideal que mencionábamos antes, me extrañaría que mujeres, protegidas por igualdad de condiciones, decidieran dedicarse a una labor tan deplorable.

Eso es lo que argumentamos quienes pedimos entender el problema como un asunto de trata de personas. Las posiciones liberales en contra son ciegas al día a día real de estas mujeres.

María Rodríguez.

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