Tres cartas de los lectores

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La bendita silla

Hemos vivido los últimos 210 años escuchando la historia del famosísimo florero de Llorente, tanto así que hasta el condenado catalizador de la Independencia tiene su propio museo. Tan entendidos todos, interpretando hasta la saciedad esos objetos sin vida: un florero o una silla.

Aparentemente esa bendita silla es bien importante, toda vez que a su alrededor se han dado largos y tediosos debates, ha sido merecedora de tiempo al aire en televisión y redes sociales, trinos llenos de furia, y hay hasta quienes exigen que el funcionario que puso el papel en la silla sea retirado de su cargo. Mientras hablamos de floreros y sillas, se siguen apilando todos los muertos.

Un florero tiene un museo y hay muertos que han valido tan poco que ni siquiera se les ha pedido perdón directa y explícitamente. Muchos pensamos que esa disculpa “cualquiera” de “cualquier” ministro de Defensa es una falta de respeto.

Germán Silva.

Lo importante fue la etiqueta

Lo más grave de los infortunados sucesos de la semana pasada en Bogotá no fueron los muertos, los heridos, la angustia de tantas personas y sus familias, ni la destrucción de los CAI. Lo más grave, lo que por fin puede arrojar definitivamente el país al abismo, fue la etiqueta con el nombre de nuestro gran presidente en la silla vacía en el acto de perdón y reconciliación convocado por la alcaldesa de la ciudad. Afortunadamente hay brillantes “periodistas” que nos hicieron caer en la cuenta de que lo terrible de toda la tragedia fue LA ETIQUETA.

M. Cristina Quiroga, Cali.

Salir de la disyuntiva

No voy a caer en la tentación de justificar el oportunismo incendiario de quienes quieren precipitarnos en el caos. Pero estoy lejos de aprobar el autoritarismo cerrero encaminado a materializar la exclusión, justificar y perpetuar la inequidad y —tras el manto hipócrita de la bonhomía— erosionar los mínimos logros sociales que representan el acceso a la tierra, la salud, la educación y las oportunidades.

Es imperativo evitar ese maniqueísmo que descalifica como comunistas a los que no están con la extrema derecha, el mismo que estigmatiza como fascistas a quienes no priorizan las ideas sociales. Se hace necesario ampliar el espectro, salir de la disyuntiva blanco-negro y consolidar una opción de centro, ecléctica y alejada de extremismos. Es la única opción civilizada y democrática que puede conducirnos pacíficamente a la convivencia y el progreso.

Gabriel Rivera Giraldo.

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