Tribugá y el cerdódromo

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La noticia de que la Agencia Nacional de Infraestructura detuvo el proceso de construcción del puerto en el golfo de Tribugá algo alivió a los colombianos preocupados por la salud de ese Distrito Regional de Manejo Integrado y sus alrededores. Gracias a un derecho de petición de las ONG ambientalistas y la comunidad, el tema de las pólizas dejó al descubierto las falencias “legales” de la Sociedad Arquímedes.

Es una descanso, pero no se puede aún cantar victoria. En algunos periódicos nacionales como La Patria el gerente de la Sociedad dice que el proyecto sigue firme. Los observadores de las comunidades locales del “avance” del proyecto expresan su preocupación en chats privados pues los ingenieros de la empresa siguen tomando medidas con drones (para las plataformas, la estructura, etc.) y la carretera ya va en Puerto Meluk en el medio Baudó.

Es posible que Arquímedes insista, pero lo cierto es que no pudieron cumplir con el requisito de la póliza de garantía de seriedad y no tienen en firme las licencias ambientales El meollo, que ya hizo el daño, es la valorización y la presión sobre la tierra y el territorio, como siempre en este país sujeto a un régimen decimonónico abusivo. Por otro lado, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) no se demoraron en inundar con sus panfletos y pintadas de terror la zona de Nuquí el día mismo de apertura del aeropuerto a los turistas; y ya sabemos que los líderes y lideresas ambientalistas de la zona pueden ser declarados enemigos de inmediato.

Aparte de los tejemanejes de “política”, hay factores complejos que dan para un estudio largo y enjundioso. Pero para aligerar un poco el tema, un amigo biólogo extranjero decía que el caso es como si nos plantearan escoger "entre la biodiversidad abrumadora, incontable, del golfo de Tribugá con sus manglares y sus selvas y PANACA, el Parque Nacional Agropecuario, en el eje cafetero”. La discusión se puso interesante.

Algunos contertulios (en el parque, con tapabocas y distancia de metro ochenta y cinco) argumentaban que Panaca, una empresa con buenas intenciones, era un hijo natural de la mentalidad de los originales colonos antioqueños, bien recibido por las segundas generaciones de campesinos desplazados a la urbe y por antiguos pequeños burgueses sedentarios que en su existencia no habían podido ver en vivo una gallina, una vaca, un caballo o un marrano (todos importados durante la Conquista y la Colonia). En total, una docena de especies domesticadas y foráneas, comparadas a la profusión de especies como ballenas jorobadas, tortugas, insectos, anfibios, aves, mamíferos y plantas que habitan en el Golfo, uno de los hot spots más biodiversos y con más endemismo de esta Casa Común.

Otro participante, que había estado en Tribugá el año pasado, compartió un video y comentaba: “esa es una abundancia que no nos cabe en la cabeza… hay muy pocos estudios, pero cada vez que va un científico encuentra cosas nuevas (sobre todo en plantas)… vos cogés dos metros cuadrados del área de ese golfo y hay miles de especies más que en toda el área de los panacas de este mundo. Sería muy doloroso seguir convirtiendo este país en un parque temático, en una finca”.

El más politizado, con tapabocas transparente porque tiene una hermana sordomuda, subió la voz para argumentar: “¿Y qué es eso de ‘Desarrollo y de Progreso’? Esos fósiles están atrasados muchos siglos; ¿creerán que hay un milenial que les coma cuento, si ya estamos enterados por las redes, en tiempo real, del posible final de este planeta? Además, ¿Desarrollo y Progreso para quién? Para sus bolsillos angurrientos; son igualitos a los chanchos de ese patético cerdódromo”.

Luego llegó a los chats la noticia de que la Autoridad Nacional de licencias ambientales había puesto en pausa la licencia de Minesa en Santurbán. Otro respiro, por ahora. Ahí salieron a relucir las cervezas en botella, para brindar por otro triunfo de la solidaridad y el esfuerzo ciudadano.

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