Por: Lorenzo Madrigal

Trilladora de palabras

Hay gente que habla muy bien, con facilidad asombrosa, lo que se confunde muchas veces con la elocuencia. Es el caso del senador Roy Barreras, hoy en pleno auge de su carrera parlamentaria, cuando acaba de cobrar una pieza fundamental en el gobierno del presidente Iván Duque: su ministro de Defensa.

Hablan de corrido y también argumentan de corrido. El traqueteo de su voz clarísima semeja un tablao flamenco. Los argumentos se enlazan, van in crescendo, al estilo Gaitán, y terminan increpando a la víctima, como se zarandea a un reo frente al jurado.

Cuentan que lo hacía Laureano Gómez, cuando era considerado el mejor orador parlamentario, antes de ser tenido únicamente por el coco del Partido Liberal. No me desvío como suele pasarme cuando menciono este nombre y me llega con el sabor de la infancia y temas que me son recurrentes. Pero déjenme decir que fue igual la forma como el formidable monstruo acosó al presidente Suárez, el gran humanista, envejecido, trastabillante y acorralado, hasta hacerlo dimitir, por casualidad un día como hoy, 11 de noviembre, pero del año 1921.

Son otros los congresistas de hoy, pero, como digo, la forma y la resonancia del salón evocan episodios de otrora, bien heredados por las figuras del presente. A mí me conmovió hasta la preocupación el esfuerzo físico que debió emplear en su defensa el ministro Botero, cuando reprimía la ira por la acusaciones del locuaz parlamentario, en la medida en que le parecían injustas.

Contrastando todo con la frescura y la dicción perfecta del citante, mucho más joven y avezado a levantar la voz en el recinto del Senado y a defender o acusar con igual facilidad, según la ocasión.

Es sano ver a un Roy Barreras, contertulio de los guerrilleros en La Habana, médico ocasional de Timochenko, expresando el sentimiento de dolor por los niños de la guerra. No le habíamos percibido ese crujir de dientes en sus discursos ni lo vimos estrujar la conciencia de antiguos guerrilleros, hoy sus colegas, a quienes no habría podido incriminar como al ministro enjuiciado sin dañar el juego de la paz negociada.

***

Unos son los temas de la política, siempre discutibles, y otros son los temas humanos, pero en esta época, en que el país se dividió como nunca, no deja de verse el sesgo político en todas las expresiones de lo público. Estas acusaciones por excesos e injusticias de la guerra se mezclan con sentimientos de partido y aunque todos hayan pecado por quebrantar los derechos humanos, a unos se les carga la mano, más que a otros.

La torpeza en sus declaraciones, y en general sus años de sector privado mostraban a un ministro Guillermo Botero llegando en edad tardía y poco adaptado al temible ejercicio de las funciones públicas.

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2019-11-11T00:00:30-05:00

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2019-11-11T01:00:01-05:00

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