Triste caída del telón

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Entre los mensajes en mi página de Facebook me llegó uno de color negro con rojo que decía: “Se vende sala de ensayos y presentaciones escénicas de pequeño formato. Adecuada con graderías móviles para 40 espectadores, espacio escénico de 6 x 6 metros, camerino, cableado para luces y sonido. Bien ubicada y acreditada en el centro de Bogotá.”

Al revisar la dirección: calle 19 #4-71 pasaje los Ángeles, locales 317 y 318. Caí en cuenta de que lo que se vendía era la Sala de teatro Vargas Tejada, y sentí en el pecho un ahogo de tristeza, como cuando en un obituario nos enteramos de las exequias de un ser querido. Enseguida llamé a mi amigo, el dramaturgo, director y maestro de teatro Camilo Ramírez, quién desde el 2014 fundó y asumió dicho centro artístico, pedagógico y cultural como una obsesión existencial. Le pregunté si era cierto lo que decía el aviso y él, con serenidad pasmosa, me confirmó la dramática decisión: " Si Alberto, porfié en mantener la sala con plata de mi bolsillo hasta donde más pude, pero todo este tiempo de pandemia, sin público, sin ingresos, sin apoyo estatal, no lo resiste nadie; el arriendo, los servicios, los impuestos, y sin un peso para actores, para un único técnico, imposible. Con el dolor de mi alma, pero debo vender. El proyecto teatral y pedagógico Vargas Tejada continua, aún no está del todo claro de qué manera, pero seis años de investigación, de creación y de formación en torno al teatro ficstórico no pueden terminar en saco roto…”

Desde su fundación en 2014, el proyecto y sentido de la Vargas Tejada ha sido la Ficstoria. Esto es un teatro de ficción histórica creado en relación con una investigación crítica sobre los lenguajes escénicos y las perspectivas históricas, con dimensión pedagógica. Allí se ha documentado, escrito y puesto en escena cuatro obras ficstóricas: el hijo de las dagas, Yuma, la Recua chica y Caldario. Han organizado conversatorios sobre la relación teatro e historia, encuentros de dramaturgia y encuentro de jóvenes creadores llamados “Nuevas Convulsiones”, en homenaje a la primera comedia colombiana escrita por el dramaturgo Vargas Tejada. Desaparece, pues, un novedoso laboratorio teatral, sin dolientes en las instancias estatales responsables del fomento y la conservación de hechos culturales relevantes y significativos.

También se cierran definitivamente, en Bogotá, Casa Ensamble que la actriz y directora Alejandra Borrero había posicionado como un templo para las artes escénicas en el Park Way, se cerró la Casa del Silencio y otras tantas agonizan, sostenidas por el tesón de los creadores que se resisten a claudicar no obstante las aguas del olvido estatal ya les llega hasta las narices.

El gobierno colombiano actual es inculto, cercano a expresiones artísticas que convienen a sus intereses y comulgan con sus patrañas, porque en ese plano no vale llamarlas ideologías. Músicos de la narcocultura, en el vallenato proterratenientes y afín al paramilitarismo, en la tecnocarrilera, en el reggaetón que programan grandes eventos propicios para lavar la plata mal habida de los “Narcos”.

A las otras expresiones artísticas, particularmente a las alternativas, independientes y populares, la propuesta inicial del presidente Iván Duque, fue que incursionaran en el embeleco de la economía naranja, que se formalizaran, es decir que emprendieron proyectos “creativos” de la mano de los banqueros. Y los que no, que sobrevivan como puedan o que desaparezcan.

Con tal presidente, en la crisis consecuente con la pandemia del coronavirus, todos los vejámenes de las sociedades de artistas hicieron catarsis. El arte no es artículo ni servicio de primera necesidad, los artistas jamás han tenido bagaje gremial y ahora sin público, imposibilitados para realizarse con distanciamiento social y bioseguridad extrema, salvó en el ciberespacio, en el cosmos virtual; pues la crisis es patética, al colmo del hambre en muchos casos.

Es triste la caída obligada del telón.

Son profundas las preguntas que se obliga el mundo del teatro, sobre su devenir, incluso cuando ya haya vacuna contra el Covid-19.

El maestro Camilo Ramírez me asegura que la misión de la Vargas Tejada se cumplirá, en otro espacio, de otra manera, en otra dimensión de la expresión. ¿Serán golpes de pecho esperanzados?

También Alejandra Borrero declara que lo que sembró Casa Ensamble florecerá en otra matera. Así, los elencos, las compañías, las empresas culturales están zanjando la trocha para un devenir donde sea posible revivir el espectáculo.

Pero no será de la mano de este Gobierno. Ya está visto que la noción inculta e indolente del Estado que en emergencia sanitaria procede al antojo de los grupos económicos en el poder y ejecuta por decreto; decide prestar auxilios millonarios a los bancos, a las aerolíneas y a los industriales que le pusieron votos al gobernante y que ofrecen mordidas a los del partido de gobierno.

Desde aquí lloro la triste caída del telón en nuestro arte dramático.

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