Tristeza

A pesar de los años que han pasado, seguimos añorando con tristeza a Guillermo Cano, al que se llevaron los que sólo pudieron callarlo, asesinándolo.

Durante estos 24 años, hemos recibido la solidaridad de muchos colombianos y del mundo entero a través de diferentes manifestaciones, pero también nos hemos sentido desilusionados, muchas veces dolidos, otras decepcionados y muchas desconcertados, cuando como en estos últimos días ciertas actuaciones de los periodistas y los medios nos hacen pensar si es que ya todo se olvidó, si es que una supuesta chiva echa por tierra al pasado.

Es muy triste para nuestra familia que una persona que inició su carrera gracias al apoyo de Guillermo Cano, se lance a presentar el libro de la hermana de quien lo asesinó. Es muy triste que algunas personas que se han nombrado jurado del Premio Mundial de la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano, no tengan reparo en entrevistar con gran gentileza a la autora. Es muy triste que en el mismo periódico que él dirigió, se comente el libro y es muy triste ver y oír que se presenta en algunas emisoras a dicha autora con la misma consideración con que en otras ocasiones se ha atendido a la familia de las víctimas.

Es muy triste que durante la semana en que el director de El Espectador debía cumplir 84 años y en la que más recordamos el asesinato de Luis Carlos Galán, tengamos que oír el entusiasmo con que se le hace propaganda a un libro, que no pienso leer pero en el que, supongo, se destacan las bondades del victimario, porque es lógico que un familiar lo haga.

Sólo quería contarles mi tristeza, que debe ser la misma de los Galán, los Camacho, los Franklin, los Lara, los magistrados de la Corte, los Valencia, los Giraldo, los López, los Soler, las familias de las víctimas de cada una de las bombas, así como las de cada uno de los seres humanos que han perdido la voluntad debido a la droga. Todo me hace suponer que tal como se ven las cosas ahora, cuando mucha juventud no sabe lo que sucedió, acabemos siendo familia de gente indeseada que no supo comprender las bondades de los narcotraficantes asesinos como Pablo Escobar.

 Ana María Busquets de Cano. Bogotá.

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