Trump, Bolton o Duque: ¿cuál es peor?

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El libro de John Bolton, “La habitación donde sucedió: una memoria de la Casa Blanca”, relata sus 18 meses como asesor de seguridad nacional de Donald Trump y describe una Casa Blanca caótica y disfuncional, un presidente ignorante, errático y narciso, y una política exterior a la deriva. En particular, el capítulo sobre Venezuela es bastante revelador y sumamente pertinente.

Trump queda muy mal parado. Incapaz de concentrarse en un tema por más de unos minutos, casi nunca lee los informes que le preparan. Cuenta Bolton que un día amanece obsesionado con Venezuela, al otro día sólo quiere saber de Kim Jong-un y al siguiente se encapricha con cualquier otro asunto. Pero, eso sí, siempre, siempre pendiente de lo que los noticieras dicen de él.

Frente a Venezuela, Bolton lo describe como vacilante y poco convencido de Juan Guaidó. En la reunión con su esposa estuvo más atento en observar su falta de argolla matrimonial que en lo que ella le decía. Fácilmente manipulado según su estado anímico o el grado de lambonería del interlocutor, Marco Rubio, por ejemplo, logró persuadirlo de apoyar a Guaidó prometiéndole que sería “una gran victoria de política exterior”. Su ego de talla imperial se revela con su comentario de que debería quedarse con Venezuela porque “en realidad es parte de Estados Unidos”.

Lo interesante es que el propio Bolton también sale mal librado. Intenta sustentar su teoría del fácil derrocamiento de Maduro y el pronto ascenso de Guaidó, pero termina evidenciando que su tesis central estaba errada desde la concepción. Bolton es un halcón formado en la Guerra Fría, motivado más por el fervor ideológico que el análisis cuidadoso. Desconocía la compleja realidad venezolana y pensaba que se podrían aplicar fórmulas de otros lugares y otros tiempos. Ante el fracaso estruendoso del plan para derrocar a Maduro en febrero 2019, Bolton culpa a Colombia por su falta de planeación y decisión, a Guaidó por inepto, al secretario del Tesoro de EE. UU. por no acelerar las sanciones, a Trump por su ambivalencia, en fin, a todos menos a él mismo, cuyo diagnóstico y propuesta no tenían ni pies ni cabeza. Por increíble que parezca, la intuición simplista de Trump -Maduro es fuerte y Guaidó es débil- terminó siendo más acertada que la ceguera ideológica de Bolton.

Pero quien queda aún peor es el gobierno de Colombia. Además de tratarlo como faltón, Bolton ratifica su rol como promotor principal del fallido derrocamiento de Maduro. En la reunión con Trump, Duque no habló de Colombia sino de Venezuela y fue el embajador Francisco Santos quien convenció a Trump de que la balanza se inclinaba a favor de Guaidó y en contra de Maduro.

Hoy es evidente que la estrategia Guaidó fue un fiasco y lo sigue siendo. Maduro está afianzado y la oposición, fragmentada. La política exterior colombiana se ha dedicado casi exclusivamente a promover una causa perdida. Lo hace además desconociendo la Constitución, ya que impulsar el derrocamiento de un gobierno vecino viola los principios de respeto a la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos y el reconocimiento del derecho internacional. También ignora la vieja y sabia tradición de la política exterior como asunto nacional, negándose a convocar a la Comisión Asesora, incluso en desacato a una orden judicial.

El respaldo incondicional del gobierno Duque al candidato de Trump para la presidencia del BID, Mauricio Claver-Carone, un cubano-americano mencionado precisamente por Bolton como su aliado en la estrategia Guaidó, es otro ejemplo de una política exterior más interesada en avanzar una cruzada ideológica que en buscar favorecer los intereses nacionales. Esto acarrea graves riesgos. La creciente hostilidad contra Cuba por parte de EE. UU., propiciada desde Colombia, por cumplir con sus compromisos internacionales, ya está poniendo en riesgo su continuidad como garante del Acuerdo Final.

Lo que cuenta Bolton en su libro solo refuerza la urgencia de adelantar un debate nacional acerca de nuestra política exterior.

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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