Por: Santiago Villa

Trump cruza la Gran Muralla

Con la posible excepción de su amigo Vladimir Putin, el presidente de China, Xi Jinping, es el líder a quien Donald Trump demuestra el mayor respeto. Los intereses de la familia Trump en China son amplios. Además de ser el país donde se producen las líneas de vestuario de Ivanka y Donald, su yerno Jared es socio en proyectos de construcción de Pekín.

En Xi Jinping, sin embargo, más que un elemento útil para sus propósitos comerciales —como sucede con Putin—, Trump ve una fuente de estabilidad. Europa es un continente que le es hostil. Sus líderes no le respetan y se siente incómodo entre los colegas del G8. China, en cambio, no le desafía abiertamente.

A pesar de ser el principal rival de Estados Unidos desde una perspectiva geopolítica, China es un país que no juzga al presidente con tanto desprecio como los países occidentales. Donald Trump siempre fue un candidato más grato para el gobierno de China, y para muchos de sus habitantes, que Hillary Clinton.

En primer lugar, es un empresario exitoso, una característica que en China se estima como virtud cardinal, pues el hombre que se hace a sí mismo es un sueño más tangible que la gloria política, que depende de muchos contactos, padrinos y décadas de burocracia. Cualquiera, en teoría, puede llegar a ser millonario.

Segundo, Trump no está interesado en presionar al gobierno de China para que ceda en su posición con respecto a los derechos humanos y la apertura política. China es sensible a que los líderes extranjeros interfieran en estos aspectos, que considera de su política interna y soberanía nacional. Clinton, al igual que suelen serlo los mandatarios demócratas, insistía en este punto como parte de la relación bilateral. Trump lo ha echado a un lado.

Tercero, es un líder que quiere reducir el protagonismo de Estados Unidos en el escenario internacional. Recogerse sobre sus fronteras para revertir el legado de su antecesor, reducir los impuestos a las clases más favorecidas, reducir las barreras reglamentarias contra las grandes empresas y fortalecer con legislación la xenofobia de americanos blancos que añoran una edad de oro blanca que nunca existió como la imaginan. Esto es positivo para las ambiciones de liderazgo chinas en el escenario internacional.

Finalmente, China es la llave para lograr una salida a la crisis de Corea del Norte. Sea lo que sea que se supone es una salida, pues en realidad lo que parece estar diseñando el gobierno Trump es un casus belli.

Precisamente porque Trump está buscando dónde crear una guerra que salve su Presidencia, es bueno que las relaciones con China sean fuertes. China será la voz de la razón para un presidente estadounidense intempestivo e irresponsable. Esperemos que la escuche.

Nota: Quiero agradecer a los lectores que donaron dinero para Miguel Machuca, el hombre cuyo caso compartí en la columna de hace dos semanas. Extiendo también agradecimiento a nombre de él, pues la generosidad de aquellos lectores fue definitiva para que Miguel pueda ahora iniciar el procedimiento que salvará su visión.

 

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