Por: Arlene B. Tickner

Trump desquiciado

El narcisismo patológico, la volatilidad emocional y la burla pública de la ley que caracterizan la conducta de Donald Trump son ampliamente documentados.  Paradójicamente, fue su habitual desprecio por el estado de derecho lo que llevó a publicar una reconstrucción parcial de su conversación telefónica con el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky –en donde exige repetidamente la investigación de Joe Biden, su principal contendor en las elecciones presidenciales de 2020, y el hijo Hunter– y terminó fortaleciendo la investigación de impeachment abierta por la Cámara de Representantes por el quid pro quo que hay detrás de esas presiones, incluyendo el desembolso de $400 millones en ayuda militar bipartidista.

Sin embargo, en la medida en que las evidencias brindadas en especial por dos informantes confirmen la sistematicidad del abuso del poder por parte de Trump, el mandatario se ha vuelto más desquiciado (y peligroso) aún.  Advirtió que habría guerra civil en Estados Unidos de llegar a ser enjuiciado; afirmó que el primer informante era un espía y que merecía ser “castigado” (ejecutado) como en los “viejos tiempos”; acusó a los legisladores demócratas de traidores de la patria; y después del inicio del proceso de juicio político, extendió a China la misma “invitación” por la que está siendo indagado, es decir, que ese país también investigue a los Biden. 

A diferencia del Reporte Mueller sobre la interferencia rusa en las elecciones de 2016 – cuyo efecto en la opinión pública estadounidense fue marginal -- la sencillez y la contundencia de la narrativa sobre Ucrania es principal atributo.  Entre más información se haya conocido sobre el caso, mayores números de votantes han manifestado su convicción de que Trump hizo algo malo.  A su vez, si bien los juicios políticos son altamente impopulares – más aún en un contexto pre-electoral -- el apoyo al impeachment ha crecido entre independientes y demócratas desde que la historia se reveló, y la favorabilidad del mandatario ha caído. 

Con un presidente desquiciado y descontrolado –se ha vuelto común afirmar que ya no quedan “adultos en la sala” –  los avances en la investigación de la Cámara y la fluctuación de la opinión pública, pueden llevar a Trump a adoptar medidas desesperadas como mecanismo de distracción.  Tal vez bajo este prisma puede entenderse la polémica decisión de retirar aquellas tropas estadounidenses que permanecen en la frontera siria, la cual abre la puerta a que Turquía invada al país vecino y masacre a los kurdos que tilda de terroristas, pero que han sido aliados firmes de Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico. 

Las enérgicas condenas de algunos de los republicanos más leales a Trump –comenzando por el líder de la mayoría del Senado– y de Fox News, sugieren que el apoyo al mandatario no es infinito y plantean la duda de cómo su oposición al impeachment de Trump podría disolverse.  Los procesos políticos contra Richard Nixon y Bill Clinton, que dieron dos resultados contrarios – la renuncia y el fortalecimiento en la presidencia, respectivamente – sugieren que además de la gravedad de los abusos del poder y de la existencia de pruebas, tanto la opinión pública como el respaldo bipartidista son factores decisivos.  Veremos.

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