Por: Columnista invitado

Trump está insultando nuestra inteligencia

Por Charles M. Blow

Siento que un "presidente" nos está acondicionando para el caos porque aborrece el sosiego de la estabilidad. Cada día nos despertamos a una nueva atrocidad. Ahora existimos en un trauma continuo, agotante e implacable.

No obstante, aun en ese contexto, algunas cosas llegan más alto que otras. Que Donald Trump despidiera al director del FBI, James Comey, es una de esas cosas. Esto debería sacudir a todo Estados Unidos y sacarlo de su letargo.

Esto es indignante y no tiene precedente, a menos, claro, que contemos (como han hecho muchos) la masacre del sábado por la noche en 1973, en la que el entonces “presidente Richard M. Nixon ordenó el despido de Archibald Cox, el fiscal especial que examinaba el llamado robo de tercera que al final causaría la caída de Nixon, como lo expresó The New York Times.

Sin embargo, Cox era solo un fiscal especial; Comey era el jefe de la FBI.

Si se ha sido aunque sea ligeramente consciente de las últimas horas, es poco lo nuevo que puedo decir sobre este caso, pero este es el resumen:

En su carta para despedir a Comey, fechada el 9 de mayo, Trump escribe que concuerda con “la opinión del Departamento de Justicia de que usted no es capaz de dirigir efectivamente a la Oficina”.

Ese juicio apareció en dos cartas, una del fiscal general, Jeff Sessions, y otra del subfiscal general Rod Rosenstein, ambas fechadas el 9 de mayo, el mismo día que la carta de despido.

(Hay que tomarse un minuto aquí para recordar que a Trump le llevó 18 días despedir a Michael Flynn, el asesor en seguridad nacional, después de que la fiscal general en funciones en ese momento, Sally Yates, advirtió que podría estar comprometido con los rusos y ser susceptible de chantaje. Interesante, ¿no es cierto?).

Antes que nada, ¿qué diantres estaba haciendo Sessions cuando envió la carta? A principios de marzo dijo: “Me he abstenido de intervenir en los asuntos relativos a la campaña de Trump”, después de que se encontró que él mismo había mentido sobre su reunión con el embajador ruso.

¿Cómo, exactamente, hace una persona que es un mentiroso comprobado en cuanto a sus propios tratos con los rusos –y que se ha abstenido de intervenir en asuntos relativos a la campaña de Trump– para hacerle una recomendación al presidente, a cuyos asociados se está investigando por sus vínculos con Rusia? ¿Y la recomendación es despedir al hombre que encabeza las investigaciones?

La mera audacia de todo es sorprendente.

Es en la carta de Rosenstein que las cosas pasan de ser indignantes a ser absurdas. Rosenstein escribe: “Como usted y yo lo hemos hablado, no obstante, yo no puedo defender el manejo que hizo el director de la conclusión de la investigación de los correos electrónicos de la secretaria Clinton, y no entiendo su negativa a aceptar la opinión, casi universal, de que estaba equivocado”.

De hecho, estoy de acuerdo con esto, pero éste es el problema: los propios comentarios públicos del presidente contradicen esta declaración. Durante la campaña, Trump elogió efusivamente el indignante manejo que hizo Comey de la insensatez del correo electrónico de Clinton. En efecto, el pésimo manejo de la investigación bien puede ser una de las razones por las Trump llegó trastabillando a la Casa Blanca

Así es que, aparentar ahora que Trump está indignado por el mal trato a Clinton, simplemente asombra. No debe creerse.

A decir verdad, las mentiras incesantes de este presidente y el complejo aparato que ha construido en la Casa Blanca para doblar la realidad a fin de cubrir esas mentiras, significa que, de cualquier forma, no hay que creer nada de lo que digan, pero esto tiene una naturaleza distinta. Esto le dice a Estados Unidos: les voy a decir una mentira que es tan indignante que querrán creer que alguna parte de ella es verdad, para preservar su fe en la verdad, la democracia y la humanidad.

Están utilizando nuestra propia naturaleza humana en nuestra contra. Queremos creer que lo natural por defecto en las personas es la verdad y el bien porque la alternativa es insostenible: ¿la anarquía moral? Bueno, la alternativa está sobre nosotros.

En efecto, una portavoz de la Casa Blanca confirmó el miércoles que Trump había considerado despedir a Comey desde enero.

Y también está esta perlita de The New York Times: “Días antes de que lo despidieran, James B. Comey, el exdirector del FBI, le pidió al Departamento de Justicia un incremento significativo en los recursos para la investigación de la Oficina sobre la interferencia en las elecciones presidenciales, según cuatro funcionarios congresionales, incluido el senador Richard J. Durbin”.

Esa solicitud se le hizo a Rosenstein.

Y, un día después del despido de Comey, Trump se reunió en la Casa Blanca con el ministro de Relaciones Exteriores y con el embajador rusos, el mismo sobre el que Sessions había mentido y quien, aparentemente, se reunió con otras personas asociadas con el equipo de campaña de Trump. También el miércoles, Trump estuvo con Henry Kissinger, quien fue el secretario de Estado de Nixon.

Simplemente, es demasiado. Necesitamos un investigador independiente. Yo no confío en nada —¡nada!— que salga de la Casa Blanca, y no confío en que este Congreso inútil constriña a Trump.

Esto no se trata de partidismos, sino de patriotismo. Debemos proteger a este país de la corrosión moral, en el mejor de los casos, y la destrucción real en el peor.

Si esto no les apesta es porque tienen rota la nariz.

(c) 2017 New York Times News Service.

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